La fe mueve voluntades

Sandra Beatriz Ludeña

La fe es un elemento de nuestra estructura vital, el camino para la realización de todo lo posible. La fe puede ser confundida con la pseudo fe, más no es una endeble creencia, es algo mucho más poderoso. 

No se trata de que yo tenga fe en esto o en aquello, la fe en realidad es un sistema de convicciones, es la probabilidad real de lo que se puede lograr.  Es una visión en presente que permite vislumbrar una realidad en gestación.

Lo explico mejor en esta historia: El veterinario dijo que mi mascota no sobreviviría, fue un arrollamiento que comprometió varios órganos de su pequeño cuerpo.  Me sentía impotente, sin poder ayudarlo. 

El doctor propuso dormirlo, yo me negué.  Me dijo: “lo va a condenar a una lenta y dolorosa muerte”.  Me lo llevé a casa, sabía que mi perro podía morir en cualquier momento, pero también sabía que podía salvarlo, esa es la paradoja de la fe (una certidumbre de lo incierto), así que lo acompañé y curé sus heridas, l—os demás decían pierdes el tiempo—. Preparaba un zumo de palitaria que se lo suministraba cada dos horas.  La herida era lavada con agua de geranio y vendada.

Pasaron varios días de desvelos, con gotas para el dolor.  Mas, poco a poco, veía su mejoría.  Así, mi visión humana se confirmaba, se iba paulatinamente recuperando.  Pasaron treinta días desde la fecha del accidente y mi perrito estaba cada vez más animado, las heridas fueron cicatrizando.  A los noventa días, había mejorado de uno a noventa por ciento.  

Cuando lo llevé nuevamente al veterinario, se sorprendió, dijo: “vaya cuánta fe posee para lograr salvarlo”.  La verdad es que sí, mi mascota sobrevivió contra todo mal pronóstico y vivió muchos años. 

La fe puede hacer la diferencia, está dada en un sistema de convicciones que nos indican que es posible luchar por algo.  En reiteradas ocasiones mi fe ha sido puesta a prueba, cuando todos dijeron que ya no había nada que hacer, algo en mi interior decía que sí se podía luchar, y aunque todo era opuesto, una serie de criterios lógicos e ilógicos, me llevaron a decir, lucharé.

“La fe mueve montañas” decía mi madre y es verdad, pero, antes nos mueve a nosotros, nos convence de sus razones y sinrazones, nos transforma y de la noche a la mañana somos expertos en áreas desconocidas, como en mi caso, resulté enfermera de mi mascota y lo ayudé a sanar.

De esto, concluyo que en la vida con su cambio y movimiento que tiende a romper el Statu quo, necesita fe para enfrentarla.  Sin fe, seríamos predeterminados para el fracaso, demasiado débiles o fuertes, viviríamos en un estado permanente de pereza, avaricia, odio.  La fe es la que permite encontrar el camino de lo posible y, mueve voluntades.  Lo que vale para uno, vale para mil, por ello vale para la sociedad.  La fe es la esperanza.