Diálogo y transformación

Juan Luna

Estamos en tiempos turbulentos derivados de una crisis profundizada con la pandemia que visibilizó desigualdades entre los seres humanos, por un lado la multiplicación de la riqueza de unos poquísimos, en desmedro de la extensión de la pobreza de muchos, se acentúa con la violenta invasión de un país sobre otro y que genera miedo, refugiados y miles de muertos inocentes, profundizándose en una sociedad cada vez más polarizada y que impide el encuentro de la razón, la inteligencia y la voluntad para un diálogo abierto, espontáneo y sincero.

En medio de estas turbulentas aguas, desde distintas esquinas y perspectivas diferentes, la palabra diálogo se vuelve opaca y precisa que todos revisemos el sentido mismo, clarifiquemos conceptos para generar encuentro y entendimiento.

Diálogo tiene sus raíces en el vocablo griego dialogus, dia significa a través y logos quiere decir racional o ciencia, lo que tiene que ver con la generación de un discurso razonado por medio de la palabra, pues el logos también es entendido como expresión, reunión que nos permite llegar a acuerdos.

Adalid Contreras (2022) refiere que en la práctica el diálogo unas veces es entendido como un método y otras como un derecho democrático y distingue entre un tipo de diálogo aparente y otro trascendente. “El diálogo aparente es condicional, direccionado y tiene fines persuasivos, utilizando una batería de técnicas que conducen a respuestas retroalimentadoras de esquemas preelaborados donde se maquillan las confrontaciones y es la excusa para imponer posiciones. El diálogo trascendente recoge la palabra en procesos dinámicos de creación de sentidos más allá de lo que discrimina, y más cerca de lo que une. Son intercambios con sentido, con propósitos de arribar a entendimientos, aun cediendo a certezas para permitir un encuentro integrador”.

Así, la trascendencia dialogal, para parafrasear al gran pedagogo Paulo Freire, tiene que ver con el  vivir, sentir, interpretar y proyectar la transformación de la sociedad desde las fuentes del diálogo para propiciar respuestas a los -des-órdenes del mundo legitimados en el reparto asimétrico de poderes y decisiones sostenidas en intercambio entre desiguales, en las que el statu quo pretende imponerse sobre la necesidad urgente de transformar y transformarnos  para generar inclusión, reconocimiento, creatividad, solidaridad, participación, libertad y justicia.

La transformación anhelada desde el diálogo tiene que ver con la recuperación y conquista del valor de la palabra de los intervinientes, algunos desde los centros y otros desde la periferia de las decisiones y asumiendo los temas que separan, generalmente, estructurales y coyunturales, de allí que, el diálogo argumenta y escrudiña caminos diferentes para luego concertarlos en beneficio de todos.

Finalmente, diálogo presupone la unión de voluntades y con perspectivas diferentes para generar transformación, desde la palabra razonada y del pensamiento crítico que construyen propósitos comunes desde la alteridad convirtiendo los espacios de disputa en espacios de reconciliación, convivencia proponiendo un nosotros conectado relacionalmente a los otros, pares y opuestos, generando un sentido de convivencia no estático, y menos conformista, sino de alteración y transformación total.