El baúl de los recuerdos: La hazaña de Velasco Ibarra en su viaje a Macará

Efraín Borrero E.

El Dr. José María Velasco Ibarra accedió a la Presidencia de la República por segunda ocasión en 1944, con el respaldo de la Alianza Democrática, un frente político que unió las fuerzas populistas, conservadoras, liberales, socialistas y comunistas, y el abrumador apoyo del pueblo ecuatoriano que lo aclamaba como un mesías liberador.

En el transcurso de su gestión presidencial el Mandatario llegó a conocer que las cosas en Macará no andaban bien, a pesar de haberse firmado el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro, el 29 de enero de 1942, con el propósito de poner punto final al conflicto ecuatoriano-peruano sobre las fronteras entre ambos países.

Los militares peruanos se mostraban hostiles con los pobladores ecuatorianos y cerraban la frontera cuando les daba la gana. Además, al Presidente le parecía inaudito el aislamiento de una importante población fronteriza con el resto del país.

Velasco Ibarra lleno de valor cívico y patriótico, se propuso ir a Macará, “más allá de los confines del mundo”, para conocer de cerca los problemas. Claro que le advirtieron de los inconvenientes logísticos, pero eso nada le importó.

Armó maletas y se trasladó a La Toma, como se conocía a Catamayo, en el pequeño avión Junkers denominado Azuay, que era utilizado por la FAE para los viajes presidenciales. Se dice que generalmente ocupaba el asiento del copiloto y que en algún momento nombró al avión “El Poeta”, posiblemente porque disfrutaba del paisaje de manera inspiradora.

Los legendarios aviones trimotores Junkers eran utilizados por la compañía de aviación alemana SEDTA para la transportación de pasajeros y carga hacia y desde el aeropuerto de Catamayo, si así puede llamarse a la precaria pista de 1500 metros que había por aquel tiempo. El agente de esa compañía de aviación en Loja fue Alberto Hidalgo Jarrín, cuya oficina estaba en su casa de la calle 10 de Agosto, entre Sucre y 18 de Noviembre, convertida posteriormente en el Hotel Internacional.

Para esa época se había construido la carretera a la Costa, llamada “Isidro Ayora”, ya que comenzó a construirse en 1929 en la presidencia de nuestro ilustre coterráneo. Se trataba de un camino estrecho, pero al fin y al cabo carrozable. En ese año creó precisamente el Ministerio de Obras Públicas, parte de la gran transformación institucional operada en nuestro país.

También se había construido el camino o carretera Las Chinchas-Catacocha, gracias al empeño patriótico de Manuel Vivanco Tinoco, Monseñor Francisco Valdivieso y Ventura Encalada Barragán, inaugurada con júbilo el 21 de junio de 1941. El aporte ciudadano a través de mingas y de donación de recursos económicos hizo realidad este sentido anhelo, cuyo propósito final era que la vía llegase hasta Macará.

Manuel Vivanco Tinoco gestionó para que se dictara el Decreto Supremo por el cual se declaraba a la carretera Loja- Catacocha- Macará como troncal de la Sierra de la vía panamericana.

Resulta evidente, entonces, que el Presidente Velasco Ibarra se trasladó de Catacocha a Macará a lomo de mula, siguiendo el sendero del camino real y soportando el calor intenso a lo largo de 90 kilómetros.

Seguramente hizo varias paradas, una de ellas fue en Larama, en aquel momento un recinto. En la historia narrada por el actual Gobierno Parroquial se hace ostensible que el día 29 de octubre de 1946, cuando Velasco Ibarra llegó a ese sitio, se comprometió a la parroquialización de Larama y a la construcción de una vía de primer orden para que los habitantes del sector fronterizo puedan tener mejores condiciones de vida.

Pero Velasco Ibarra no pudo cumplir con el ofrecimiento de construir dicha carretera, ya que el 23 de agosto de 1947 fue derrocado por el coronel Carlos Mancheno Cajas; pero sí lo hizo en su tercer mandato, de 1952 a 1956, en que oficializó la vigencia del Plan Básico de Vialidad, siendo Ministro de Obras Públicas Pedro Carbo Medina, quien, convencido que “ya es tiempo que dejemos atrás la era de los chaquiñanes carrozables”, contrató con la Compañía INCA la construcción de la vía Las Chinchas-Catacocha-Macará.

Finalmente arribó a Macará, corazón velasquista de Loja, en medio de un alborozado ambiente propiciado por el fervor del pueblo que veía en su líder a un auténtico héroe, pero sobre todo al hombre que quiso entrañablemente a ese hermoso jirón de la patria. En el recibimiento estuvieron personajes destacados como Wilson Correa Bustamante, diputado y gestor de la creación del Club Atlético Nacional San Antonio- Ansa-; Luis Ernesto Román Jaramillo, Presidente del I. Municipio por cinco períodos; Luis Alfredo Bustamante Mora y Emilio Bustamante, quienes lucharon denodadamente por los más altos intereses de su tierra.

El Presidente solucionó personalmente los impasses de frontera y se comprometió a la construcción de algunas obras, la más importante fue el aeropuerto, que se lo había previsto en el mismo sitio donde forzosa y emergentemente aterrizó el famoso aviador italiano, Elia Liut, en 1920, en el pequeño avión “Telégrafo I” de propiedad de José Abel Castillo.

Nadie conoce las gestiones que hizo Velasco Ibarra, lo cierto es que el equipo caminero para la construcción del aeropuerto de Macará ingresó a través del paso fronterizo con el Perú, para que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, al mando del Mayor Alfonso Andrade Ochoa, realizara los trabajos de manera urgente.

El 13 de junio de 1947, en medio de la emoción ciudadana, el avión presidencial que traía consigo al Presidente José María Velasco Ibarra, surcó el cielo fronterizo y aterrizó en el flamante aeropuerto de Macará, cumpliéndose tan anhelada aspiración popular.

Actualmente, su brillante alcalde, Alfredo Suquilanda Valdivieso, busca recursos para reabrir el aeropuerto con la idea de operar vuelos a la ciudad de Quito y los transfronterizos en la ruta Macará- Piura-Chiclayo

La hidalguía, firmeza y heroísmo del pueblo macareño han sido valores reconocidos por los ecuatorianos a lo largo del tiempo, incluso por un grupo de estudiantes del Colegio Nacional Bolívar de la ciudad de Ambato, que en 1939 se propuso crear un club deportivo. El capitán de Ejército, Galo Molina, quien había hecho guarnición en Macará, conversó con los muchachos sobre la gallardía, altivez y dignidad de los macareños, y del valor que esa tierra representa en el contexto nacional. Los jóvenes ambateños, sentidamente emocionados por la apología que acababan de escuchar, designaron con el nombre de Macará al naciente club deportivo, tal como hoy lo conocemos en la primera división del fútbol ecuatoriano.

«San Antonio de Macará», centinela sin relevo de nuestra patria.