¿Qué hemos aprendido?

Fernando Oñate

Cuando el pasado 19 de marzo de 2020 iniciaba el período de confinamiento ocasionado por la pandemia del COVID 19. Por una parte, las cifras de infectados, las víctimas mortales, los graves impactos sufridos por nuestra economía, los efectos emocionales de la población entre otros, evidenciaron la nula preparación de nuestro sistema de salud, o de nuestra economía para un evento de dicha naturaleza. Por otro lado, se empezó a hablar de la “nueva normalidad”, surgieron formas de adaptación muy notables como el teletrabajo, la teleeducación, los emprendimientos se multiplicaron. El confinamiento trajo consigo la reducción de la contaminación ambiental, la proliferación de actos altruistas, en no pocos casos se fortalecieron los lazos familiares e incluso se hablaba de que la “vida nunca volvería a ser igual”.

Con la llegada de la vacuna las cosas comenzaron a cambiar, poco a poco los casos disminuyeron, las medidas se fueron flexibilizando y el pasado 14 de marzo se iniciaron las clases presencialmente. Aunque aún se mantienen las medidas de protección, el retorno a la total normalidad es inminente. Ahora los eventos masivos son permitidos casi sin restricción de aforo, ha retornado el tráfico incesante que colapsa nuestras calles, muy pocos continúan en teletrabajo y la teleeducación casi han desaparecido, los intereses económicos vuelven a imperar; los que perdieron su trabajo por la pandemia, en su mayoría, no han podido recuperarlo. La contaminación ambiental repunta y el cambio climático es nuevamente una amenaza; en fin, el mundo regresó a lo que era.  Si bien el retorno a una vida al estilo pre-COVID 19, es beneficioso en términos económicos, pero en muchos otros muchos aspectos, implica un franco retroceso.

Observando el retorno de viejas y no tan buenas costumbres, es inevitable preguntarse ¿que hemos aprendido en todo este tiempo? Los habitantes de Galacia en tiempos del apóstol Pablo, al igual que nosotros, habían atravesado situaciones difíciles y a pesar de todo lo conseguido, estaban listos para volver atrás y al verlo, Pablo les preguntaba “¿Tantas cosas han padecido en vano?” (Gálatas 3). Y esa pregunta está vigente y se aplica hoy a todos nosotros, pues si con el fin de la pandemia,  olvidamos lo que con ella aprendimos, será en vano todo lo padecido.

La escritura nos habla: “Pero ellos no me hicieron caso ni me prestaron atención, sino que por la terquedad de su malvado corazón siguieron sus propios consejos, y en vez de avanzar, retrocedieron” (Jeremías 7). Avancemos, pero conservemos lo mejor.