La realidad mentirosa

Diego Lara León

Durante años, un tema infaltable en las conversaciones informales que he tenido en el exterior, al asistir a eventos académicos, empresariales o de ocio, es el tipo de carro que más se usa en el país que uno vive. Siempre mis contertulios extranjeros se sorprenden cuando les cuento que en Ecuador es muy común tener autos de mediano y gran cilindraje, esto debido a un precio subsidiado de los combustibles.

Uno de los efectos de tener un combustible ‘barato”, es que los usuarios optan por adquirir vehículos de alto cilindraje que por ende consumen una mayor cantidad de gasolina o diésel.

En todos los países donde el combustible se comercializa a precio real, el porcentaje de vehículos de alto cilindraje es menor. Es una consecuencia lógica del precio de la gasolina que presiona la demanda de vehículos de bajo cilindraje.

En el Ecuador, únicamente se ha liberado el precio de la gasolina súper, que como era de esperarse está llegando al precio internacional y se convierte en “prohibitivo” para varios usuarios de vehículos que requieren este producto. Pero, ¿hacia dónde debe ir la tendencia? Claramente no debe ir a bajar artificialmente el precio de la gasolina, vía subsidio. Debe ir hacia tener vehículos más eficientes en consumo y mas amigables con el medio ambiente.

Por todo lo expuesto, no causa sorpresa que en América Latina sean México, Brasil y Colombia los países que tengan el mayor número de vehículos híbridos y eléctricos, vehículos que a mas de consumir menor cantidad de combustible, son la respuesta ante la creciente contaminación y presión hacia la reducción del cambio climático.

El Ecuador no aparece en el top de estos países y apenas registra 4.269 vehículos de esta característica, esta mínima cantidad de vehículos de bajo consumo de combustibles fósiles, representa apenas el 0,17% del total de vehículos que circulan en nuestro país.

El precio de la gasolina fue durante décadas una “realidad mentirosa”, que distorsionó el comportamiento del mercado de vehículos y no provoca incentivos hacia la tendencia mundial de menor contaminación.

Sin duda, el transporte público masivo debe ser subsidiado por varias razones: porque existen compatriotas en los últimos quintiles de pobreza que no podrían desplazarse de forma digna y oportuna porque los medios de transporte masivos contaminan menos, es preferible un vehículo donde se muevan 50 personas a, 50 vehículos que muevan una persona en cada uno, y también por estrategia de movilidad de las ciudades. El combustible usado por el sector productivo debe también en parte ser subsidiado, dependiendo de la realidad de cada sector.

Hace pocos días existió una paralización en la carretera Machala-Guayaquil por un importante grupo de pequeños productores bananeros, que exigían del Gobierno Nacional la compra por parte del Estado de todo el banano que no se puede vender a Rusia y Ucrania por la situación ya conocida.  Esta actitud es producto otra vez de “una realidad mentirosa”, que pretende hacer parecer normal que el “papá Estado”, “sacando la chequera” solucione los problemas, y construya una situación de bienestar momentánea y ficticia.

Que la gasolina de uso particular suba de precio generará sin duda una pequeña presión al alza de los precios de bienes y servicios. Ojo, la mayor parte de productos se movilizan en transporte pesado, que no usa gasolina sino diésel, y el diésel sí tiene subsidio. Lo bueno es que, ante una subida de precios de los combustibles de uso particular, los efectos negativos serían mínimos y momentáneos. El efecto positivo sin duda sería la presión que se provocaría al demandar vehículos de menor consumo, y por ende, se incrementaría la oferta de autos con nueva tecnología, y más eficientes en consumo. Estoy seguro que eso la naturaleza nos lo agradecería.

En el todo el mundo, industrias gigantes del sector automotriz, ya han anunciado el fin de la producción de vehículos impulsados por combustibles fósiles y lanzarán toda una estrategia hacia los vehículos eléctricos. No podemos como sociedad ir contra corriente y seguir escudándonos en los inadecuados subsidios para vivir una “realidad mentirosa”.

@dflara