La alegría de desechar

Sandra Beatriz Ludeña

Las sociedades han cambiado tanto que nada que perdure demasiado resulta atractivo, diría yo que ni siquiera los hábitos humanos que se pudiera pensar que duren un poco más, actualmente permanecen inalterables. 

Al respecto quiero contar una pequeña historia de mi infancia, mi madre era una mujer modesta y, no tenía la suficiente holgura económica que le permitiera abastecerme con amplitud con ella hubiera deseado, sin embargo, nunca me hizo falta nada.  Así para asistir a la escuela siempre tuve mi uniforme nuevo y un par de zapatos escolares de marca Bunky, los cuales, eran comprados con dos medidas más grandes, para que no queden inútiles en corto tiempo, cuando los pies crezcan en talla, por efecto de mi desarrollo. 

Así los zapatos duraban hasta dos y tres años, cuando llegaba la hora de renovar, sentía cierta tristeza porque ya estaba acostumbrada a los zapatos viejitos.  Hoy tanto las cosas como las personas han perdido esa capacidad de durar mucho tiempo, pues, se espera que sirvan solamente por un plazo de tiempo y luego se desechen.

Así es que por ejemplo en el pasado los focos o bombillas eléctricas tenían una vida útil indefinida, hoy son fabricados con un límite de horas de uso.  Los teléfonos celulares hasta hace poco permitían recambiar batería, hoy vienen blindados y tienen una sola vida útil. 

Estos rasgos de las sociedades modernas permiten ver que cada día y con mayor frecuencia se ha creado una forma de felicidad, se trata de la alegría de desechar las cosas.  Es decir, los seres humanos disfrutan cada vez más del placer de deshacerse, descartar, arrojar al cesto de la basura las cosas, haciendo de eso manifestación la pasión del mundo moderno.

¿Qué pretendo decir? Es que el paradigma del consumismo ha cambiado, en el pasado se creía que el consumista debía acumular, hoy es todo lo contrario, el consumismo se manifiesta de óptima manera con la fugacidad del goce de tales cosas.  Es por esto, por lo que los vendedores de teléfonos celulares, venden la idea de renovar equipos nuevos por otros mucho más modernos con tecnologías avanzadas, insinuando que un equipo  pasado de moda, habla mal de quién lo use, así éste, haya sido comprado a escasos meses de uso. 

Por todo lo analizado, las cosas que se tiran diariamente para hacer lugar a las nuevas, se encuentran exacerbando la mercantilización; afirmo así, que el destino de las mercancías es perder valor de mercado velozmente y ser desechadas alegremente. 

A las generaciones pasadas nos enseñaron a buscar la perdurabilidad, hoy tratar de crear permanencia tanto en cosas como relaciones o vínculos resultan amenazantes, los jóvenes de hoy se cansan de todo, y están alegres al desechar las cosas, esto alimenta el sistema voraz que nos conduce por el consumismo desmedido.