Sociedad en emergencia

Sandra Beatriz Ludeña

Hay momentos cruciales en la vida, así, cuando acudes a emergencia de un hospital porque te duele algo, pero, ves que hay alguien más que parece sentir dolor y es adulto mayor, es vulnerable, tiene sufrimiento y clama ayuda con la esperanza de salvarse.  Estas situaciones no se pueden desear a nadie, porque tienes que decidir cederle el turno y arriesgar tu vida y colocar por sobre todo tu capacidad de ser humano.

En estos días con tristeza he sabido que un adulto mayor murió en las cercanías a un hospital de esta localidad, al cual acudió desesperado, pero solo encontró indiferencia.  Es por esto por lo que puedo asegurar que la crueldad no está solamente en la guerra, o en las ideologías totalitarias, sino en cada acto cotidiano, en cada instante en el que no somos capaces de compadecernos del sufrimiento del otro.

Cada día la sociedad culta, la sociedad ética está dando su brazo a torcer frente a la necesidad de no quedarse rezagados frente a los competidores, ¿qué quiero decir con esto?

Cada día los seres humanos son más fríos, es una forma invisible de maldad, junto con un Estado que se rinde a esa frialdad.  Y al final de cuentas, solamente somos un número en las estadísticas.  Y tales números son más importantes que la vida humana real.

Con el acontecimiento narrado que nos ha estremecido, se evidencia esta sociedad en emergencia, donde la economía de un país y su poder político valen más que la vida de uno de sus ciudadanos.  ¿A quién le importas?  La sociedad es un témpano de hielo y está congelando todo.

Estamos en emergencia, mas no nos damos cuenta, se trata de conciencia, pero la inconciencia ha superado la condición humana.  Secretamente se acrecienta la adoración por el poder financiero y político.  ¿Y quién puede resistirse?

Los empleados públicos ceden fácilmente a la mala disposición si los usuarios que acceden a tales servicios no son del oficialismo. Solo hay buen servicio para quienes tienen influencias, amistades y posibilidades de intercambiar favores.  Si la persona que busca satisfacer sus necesidades es un completo extraño, lo que encuentra es indiferencia. 

Por lo dicho, la inconciencia merodea las instituciones y sus manifestaciones van desde mala atención, indiferencia, o trato en serie. Vivimos en una sociedad en la que ser débil y vulnerable es estar expuesto a riesgos que desconocemos, creemos que asistir a un hospital es sinónimo de recibir ayuda, mas hay distancia entre esa ilusión ingenua y la realidad.

Esta sociedad en emergencia es extremadamente compleja, porque aparenta funcionar a perfección, sin embargo, anula la lógica de la vida cotidiana de una persona ordinaria que cree ser bien atendida, cuando de entrada ha sido filtrado entre otros que pugnan por esa falsa satisfacción.