Testigos

P. Milko René Torres Ordóñez

En la historia de la humanidad hay misterios y realidades. Todos ellos, sin embargo, tienen un fundamento que no debe ser descartable. En el mundo del Nuevo Testamento Jesús es Alfa y Omega, Principio y Fin de todo. Los evangelios tienen una intención muy profunda, más allá de relatar una biografía histórica nos llevan a una auténtica profesión de fe. La pregunta clave de Marcos, Mateo, Lucas, Juan es esta: ¿Quién es Jesús para mí? También: ¿Cómo demostrar que Jesús es Hijo de Dios? Uno de los momentos culminantes en el ministerio de Jesús es su Ascensión. San Lucas es el único autor que narra este misterio cristológico en el Nuevo Testamento.

La Ascensión sucede en el mismo día de la Pascua, de acuerdo al texto evangélico, y se pospone cuarenta días en el libro de los Hechos de los Apóstoles. El autor pretende continuar con el anuncio del Reino de Dios, en un tiempo de misión para preparar la venida del Espíritu Santo. Este tiempo de Pascua está llegando a su fin y Jesús quiere que la Iglesia abra su corazón a una gran tarea universal, que vaya por todo el mundo “hasta los confines de la tierra”. En la espiritualidad de San Lucas prevalece el deseo de fortalecer la historia, continuar en ella porque el compromiso de Jesús es eterno con nosotros. El Reino de Dios es la razón de su misterio y ministerio y la razón fundamental de habitar entre nosotros hasta entregar su vida en la cruz. La promesa que hace Jesús es trascendente: vamos a recibir el Espíritu Santo, la compañía del eterno invisible. En su Ascensión, Jesús insiste en la necesidad de que la Iglesia entre en acción porque es enviada por Él. Jesús resucitó. Está vivo. Si bien es cierto que, hasta ahora, todo lo ha hecho Jesús en comunión con el Padre, ha llegado el momento de que la Iglesia salga de su encierro, libere sus miedos, que afronte la evangelización, tarea y testimonio. Lucas lo ha presentado como misterio pedagógico para hacer ver a los discípulos que ha llegado su hora de anunciar al mundo el amor de Dios. Incluso tiene el sentido de purificación de la ideología nacionalista del mesianismo de Jesús. Todos los hombres han de ser llamados a la plenitud de la vida. Jesús, el Señor exaltado, ya ha cumplido su tarea en la historia. En la pedagogía de san Lucas los discípulos deben involucrarse en la “Hora” de Jesús, que es anunciar al mundo entero que hay que amar de verdad. Jesús es el Mesías, el Ungido. Su Reino no es de este mundo. Jesús, resucitado y glorificado, prolonga su tarea y compromete a su Iglesia para que asuma su rol de testigo, como María, peregrina de Dios y de la Palabra. No debe quedarse mirando al Cielo, sino que debe continuar con los pies en la tierra para que el mundo tenga vida y en abundancia. Escuchemos la voz de los ángeles que nos despiertan para impulsarnos a la lucha por construir un mundo más humano.