La danza de los tiempos

Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

La tierra se formó en un cataclismo geológico, y aun prosigue la odisea, que será eterna y constante, con caracteres cíclicos impredecibles e irreversibles; inexorables designios como una danza macabra de la naturaleza, que surgió desde su génesis y prevalecerá acuciante hasta la consumación milenaria del universo, cumpliendo activamente la sentencia esculpida en sus originales cánones y características de la materia astral, al compás de una prodigiosa congénita evolución en el espacio y en el tiempo.

Así se configuró la faz universal; concurrentemente la de los millones de planetas, cumpliendo el designio de innovar sus características: físicas, químicas y materia geológica en el sendero sin fin.

Los medios y sistemas tenebrosos conducentes a la consecuenciación de la finalidad, se tornan catastróficos para la supervivencia de los diferentes seres vivientes especialmente del humano, ‘’Homo Sapiens’’ por una innata debilidad ante lo frágil e impredecible de la naturaleza, poseedora de un contingente inmensurable de fortalezas; son los volcanes, las profundidades de los océanos y el espacio sideral; con los asoladores terremotos, los devastadores tsunamis y catastróficos huracanes, alimentados por una furia oculta y enigmática lo que desencadena la fuerza albergada en sus entrañas

Se patetiza la transformación diametral del universo en la conformación de los continentes, divergentes a la original; la cumbre africana del Kilimanjaro con sus glaciales, hoy ha perdido su corona de hielo y el valle del Sahara que fue una región fértil, hoy un desierto; dos joyas de la naturaleza, consideradas como “las joyas de la corona’’ y hoy una pesadumbre que nos recuerda lo incierto de nuestra existencia.