Conoce, comprende, escucha, emite. Digan adiós a los prejuicios.

David Rodríguez

El campesino fronterizo lojano ha tenido que vencer grandes dificultades para dedicarse a la agricultura. Ha luchado contra la falta de tierras y agua. El hombre para dedicarse al agro ha tenido que construirlo. Sobre este medio, hecho exclusivamente para la mano y capacidad del campesino, se estableció y desarrolló una cultura campestre típica. El territorio y la cultura agrícola se han hermanado. Tierra y hombre en una continua y enraizada compenetración.

Ecuador es agrícola. El cultivo ocupa la gran mayoría del territorio nacional. Digo mayoría porque el agro ocupa 2/3 de nuestro territorio nacional.

El campesino del norte lojano, indígena en su mayoría, es muy apegado al empirismo, tiene confianza en los conocimientos que heredó de sus progenitores sobre agricultura y pecuaria; así, su adelanto ha sido mínimo. Considera que el gobierno tiene para el campesino, especialmente runa, una acción restrictiva, autoritaria y hasta inescrupulosa. La inercia creada por el fanatismo religioso constituye un formidable obstáculo para que se eleve el patrón cultural del campesino. No puede romper con el pasado; no puede atacar a la dura corteza del tradicionalismo y procurar el mejoramiento de sus costumbres. No quiere aceptar riesgos económicos sino procurarse, hasta por subidos precios, de bendiciones para él, su campo, sus animales y sus semillas. Así es la estructura campesina; así la filosofía de su ser, que acepta su suerte dentro de un plan divino. Vive con envidia y hasta con cierta hostilidad el que surjan o asciendan otros grupos campesinos.

El agro ha determinado en los campesinos lojanos la concepción religiosa. Un capricho estacional es el origen de la advocación de la Virgen del Cisne: la sequía y la pastora de un rebaño. Los dioses ponen la simiente en manos de los hombres y ellos mismos la ponen en la tierra. La semilla es algo vivo y trasunta poderes divinos.

Los caprichos de la naturaleza, con sus prolongadas sequías o advenedizos inviernos, han permitido que nuestros campesinos de la zona sur y sureste fronterizos con el Perú pierdan su inclinación hacia las labores agrícolas y se dedique a otras actividades en las ciudades inmediatas a sus tierras, como el comercio. Otras veces es la familia excesiva la que hace pensar al padre en el éxodo; una familia numerosa crea presiones sobre los recursos disponibles y obliga a buscar empleo no agrícola. Tremenda equivocación.

El problema radica en la sociedad civil urbana. La mayoría de las personas han olvidado que el campesino es la fuerza laboral que mueve al país y que sus cosechas atraviesan las provincias de norte a sur.

Además, las olas invernales, las sequías y la crisis económica hacen que el campo sufra pérdidas incalculables.

Espero que este pequeño extracto les ayude a ser más consientes, racionales y empáticos frente a la situación actual del país y de las personas que reclaman sus derechos. La elección política que hizo es su problema, como sociedad deberíamos de preponderar el bien general ante el personal.