Diálogo, paz y mediación

Juan Luna

Quilanga, 24 de junio 2022

Las jornadas de protesta que vive el país, desde hace 15 días, se pueden resumir en dos momentos, para ambos bandos en disputa. Por un lado, el movimiento indígena y organizaciones sociales que, desde hace tiempo, han enarbolado la lucha de la justicia y dignidad que no ha sido escuchada y que lamentablemente condujo al segundo momento, la paralización de buena parte del territorio ecuatoriano con ciertas manifestaciones de violencia.

Del otro lado está el gobierno y los poderes constituidos con una propuesta de estabilización de la economía en desmedro de acciones en beneficios de la salud, educación y seguridad y de la boca de cuyos aliados hemos oído los más virulentos ataques y calificativos para los protestantes, demostrando y profundizando una sociedad clasista y racista que, luego de haberse desbocado clama por diálogo y paz para sacar al Ecuador adelante.

En esta lucha de contrarios y de visiones diferentes bienvenida la invocación de diálogo y paz. El diálogo es el encuentro entre dos miradas y pensamientos diferentes que se juntan no para ceder o canjear, sino para debatir con criterio tesis, principios y oportunidades que apunten a un desarrollo de la sociedad y de los ecuatorianos dentro de los estándares de calidad de vida digna, de convivencia y de un buen vivir colectivo; por tanto, el diálogo nace de la escucha respetuosa para concluir en la propuesta que conduce a la acción y la transformación.

Del otro la paz es el estado de seguridad, de confianza de tranquilidad que brotan de la justicia. Esta paz es un clamor en una sociedad que se desangra por la violencia física, psicológica, verbal en los distintos regímenes políticos y organizaciones, pues, tal parece que el viejo dicho “de que el hombre es lobo del propio hombre”, se ha convertido en ley y cada uno quiere hacer justicia y pacificar por su propia cuenta y hacer del “ojo por ojo, diente por diente” de Talión un principio de vida.

La búsqueda del diálogo por la paz debe ser un anhelo universal y consecuencia de una buena formación en valores cívicos, humanos y cristianos. Los mediadores debe ser organizaciones y personas de profundo equilibrio intelectual, político y espiritual que, luego de escuchar a las partes en cuestión deben llegar a conclusiones que beneficien a todos, particularmente a los más pobres y vulnerables que son afectados por un modelo de vida que destruye la dignidad e integridad humana al no garantizarle sus derechos fundamentales como salud, educación, seguridad y una vida digna.

Los mediadores no deben ser tomadores de decisiones que competen a los políticos y a los gobernantes, su función, es ubicarse en el centro y mirar e igualdad de condiciones y agotar todos los esfuerzos para que los acuerdos construyan una sociedad que vive la justicia, la convivencia armónica y la solidaridad.

Unir los pensamientos y criterios divergentes es un arte y una habilidad, donde, intervienen el criterio, la identidad, el sentido de pertenencia, la palabra, las convicciones y principios, el civismo, ya que, logran al final que los intervinientes del conflicto en base a teorías, tesis y acciones empiecen a armonizar y caminar juntos en los procesos de cambio que nos lleven a concluir que otro Ecuador sí es posible.