Diálogo ineficaz y medidas agravan la crisis

Antonio C. Maldonado V. 

La necesidad del diálogo que tanto los funcionarios del Gobierno Nacional y varias instituciones del sector público y privado como lo requirió también el Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana Mons. Luis Cabrera, en entrevista televisiva, se debe anotar que el pedido no llega a alcanzar su cometido porque se ha desprestigiado. 

El diálogo es una costumbre social y ahora gubernamental muy antigua inclusive se ha llevado a efecto positivamente para resolver algunos asuntos entre países con diversas lenguas; pues, el diálogo según consta en los diccionarios es: “la conversación entre dos o más personas que se intercambian el turno de palabra para llegar a un acuerdo entre posturas o ideas opuestas”, practicado tradicionalmente entre miembros de las familias, en los centros educacionales y organizaciones de toda clase; durante la cantidad de diálogos llevados a efecto por el actual mandatario y su equipo de funcionarios como los realizados por el anterior gobernante que en definitiva no resuelven nada, por citar un ejemplo: la Alcaldesa de Guayaquil después de la reunión en el Palacio Presidencial con los representantes de los Gobiernos Seccionales, en entrevista al concluir la reunión se le preguntó: ¿qué se resolvió? Y ella contestó: “nada, salimos como entramos hasta una nueva cita”. 

Como nadie previó la magnitud y el alcance que iba a tener la movilización y protesta pacífica dispuesta por la CONAIE para obtener la aprobación de los 10 puntos como esperan por parte del Gobierno Nacional, argumentando que no se trata solo de beneficios exclusivos para su organización sino para todo el pueblo ecuatoriano, prioritariamente para quienes reciben el latigazo de la desigualdad social y económica, propuesta que cuenta con el respaldo de varias organizaciones laborales, clasistas y productivas que diariamente se hacen presentes y se suman a la marcha en la actualidad en todo el territorio nacional, lo que ha obligado al Primer Mandatario que bate el récord de acuerdos presidenciales a declarar a más de las ya existentes más Estados de Excepción con toques de queda en 6 provincias: Pichincha, Imbabura, Cotopaxi, Chimborazo, Tungurahua y Pastaza, lo que produce un descalabro gigantesco en la economía que se estaba recuperando paulatinamente, estancada por la pandemia y luego la guerra entre Rusia y Ucrania. 

El panorama nacional indudablemente continúa en una grave crisis política, social y económica, si bien el gobernante anuncia que elevará el bono solidario, muchos obligados a recibirlo no requieren esa dádiva sino que quieren ganar con el esfuerzo de su trabajo el salario que siempre han obtenido; por otra parte, el cuantioso gasto que ocasiona detener las movilizaciones, si bien tanto la Policía como las Fuerzas Armadas que cumplían otras tareas los obligan a limpiar carreteras y sectores urbanos a más de controlar la imparable delincuencia en los centros urbanos y rurales; últimamente nos preocupó sobre manera la difusión de lo acontecido en la provincia de Pastaza. Sin saber aún que sucederá posteriormente, escribo esta nota periodística al culminar el día 10 de las movilizaciones.