Seguir con libertad

P. Milko René Torres Ordóñez

En nuestra vida el seguimiento y la libertad son dos caminos que nos ayudan a crecer para desarrollar con certeza nuestros valores. El verbo seguir se define como ir en busca de alguien o algo, generalmente a partir de datos, pistas, huellas, etc. El concepto de libertad es mucho más complejo. Podemos decir que es la facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. San Pablo, en la carta a los Gálatas (5,1-18), habla de la libertad cristiana.

Es consciente que ella puede confundirse con libertinaje. Para los cristianos, el evangelio nos da el don de la libertad porque viene de Dios. La relaciona con la vocación, una fortaleza que se vive con el fuego del amor. La libertad fundada en el amor es vida, dimensión que se contrapone al odio y a la muerte. En la misma línea de la espiritualidad paulina, Jesús, el Evangelio, es la experiencia más fuerte que todo hombre debe sentir. Es un don del Espíritu Santo. Lo contrario, el libertinaje, es una fuerza que se origina en el egoísmo. Con frecuencia nos esclaviza en un mundo oscuro, sin horizonte. Por lo tanto, debemos aplicar las reglas del discernimiento con la finalidad de decidir el camino que nos permita realizarnos en plenitud. El Evangelio de Lucas narra que Jesús va a Jerusalén en un momento clave para Él y para la humanidad. El autor sagrado presenta el relato con un fuerte sentido teológico. Jesús debe mostrarse como profeta y como maestro para sus discípulos. En Jerusalén bajará a lo más profundo de la condena, humillación y muerte. Su enseñanza va más allá de una doctrina. La vida de los discípulos tiene que ser diferente. La renuncia a la violencia constituye el centro de su actividad misionera. Éste es un aspecto importante en el “seguimiento” de Jesús. Las llamadas de Jesús a seguirle, la forma y la manera, son diferentes a la de los profetas del Antiguo Testamento.  Su llamado es libre y radical. Nos preguntamos: ¿Para qué seguir a Jesús? ¿Por qué romper con los vínculos de la familia? ¿Conviene mirar hacia atrás? La respuesta a estas interrogantes es entender que la tarea del Reino de Dios exige una mentalidad y un corazón libre y nuevo. Jesús abre el camino de la fraternidad.  El discípulo de Jesús tiene que buscar un horizonte nuevo, tiene que vivir en una familia universal, en una religión de vivos y no de muertos. Las palabras del seguimiento parecen utópicas, pero van a la raíz de la vida y a transformar la vida y el mundo en el que vivimos. El proyecto de Jesús es la presencia del reinado de Dios en este mundo. Es el único que garantiza libertad y paz. En un entorno convulsionado por la falta de amor, por la corrupción que impera, los intereses ideológicos y el afán desmedido de poder, la palabra del Maestro es necesaria y oportuna. Seguir a Jesús con libertad es encontrar un tesoro, fermento de integridad y testimonio.