El baúl de los recuerdos: LA “CELESTIAL” CELICA

Efraín Borrero E.

Conocí a Oscar Vicente Mendoza Granda, distinguido escritor celicano que tiene a su haber varios premios y reconocimientos. Es economista de profesión, pero su inclinación preferencial ha sido la promoción cultural de su querida “Celestial Celica”, ámbito en el cual ha cumplido una destacada labor.

Hace algunos años presentó su libro “Recopilación Literaria El Picaflor”, con el auspicio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, al cumplirse cien años de la aparición del semanario celicano “El Picaflor”, cuya publicación se inició en 1915. El libro compendia la trayectoria y obra literaria y periodística del jurisconsulto gonzanameño, Javier Simancas Calderón, fundador de ese medio de comunicación y gestor de la creación de la sociedad literaria “Unión Celicana”, quien llegó a Celica en 1914 para ejercer la docencia y la abogacía.

Oscar comentó que una mañana de 1916, Javier Simancas recibió una carta de Matilde Hidalgo Navarro, quien cursaba sus estudios universitarios de medicina en Cuenca, en la que hizo llegar un poema titulado “Himno Patrio Celicano”, para que lo publicara a fin de rendir culto a sus ancestros.  La Municipalidad de Celica lo adoptó como himno oficial en 1947.

Celica es un antiguo cantón de nuestra provincia. Adolfo Coronel Illescas, destacado periodista, investigador y escritor, dijo: “Si Loja es la fortaleza de la patria, Celica es la fortaleza de Loja. Es la tierra de héroes, corazón del patriotismo lojano, porque sus hombres valientes y amigos de la libertad siempre han puesto dura resistencia a las injusticias”.

Así es. Los celicanos se caracterizan por su fortaleza indomable, además de su tenacidad por el trabajo, su espíritu altruista y noble corazón. Son respetuosos y leales cumplidores de sus deberes.

Con orgullo se refieren a su terruño como “La Celestial”. Efectivamente, fue Sebastián de Belalcázar quien denominó a esa comarca como Célica, cuya definición es celeste o celestial, por la nitidez de su cielo. Ocurrió cuando vino desde Zapotillo en su trayecto hacia la conquista del Reino de Quito y se maravilló con ese entorno paisajístico. Los celicanos disfrutan con cada amanecer de su incomparable cielo azul turquesa y de la policromía de los paisajes.

Su bandera, vigente desde la fundación del cantón, está compuesta por dos franjas una de las cuales es celeste que precisamente representa a ese hermoso cielo celicano.

Pero un día fatal de 1934, ese límpido cielo se encaprichó inexplicablemente. Mi amigo Galo Ramón Valarezo cuenta que por la mañana había brillado el sol, pero por la tarde negros nubarrones comenzaron a cubrir el cielo de Celica. Su gente imploraba por la lluvia, y el día parecía prometedor. El reloj marcaba las seis de la tarde. Gruesas gotas iniciaron la tempestad, que se prolongó con creciente intensidad en las siguientes cinco horas. En medio del terrible chubasco, un poderoso aluvión se abatió sobre la pequeña ciudad. Los celicanos pensaron que era el día del juicio final.  La noche impedía ver la magnitud de los daños y auxiliar a los necesitados. Con el nuevo día, los reportes fueron más claros. El pequeño arroyo que atravesaba la ciudad se había desbordado y el resultado fue algunas casas completamente destruidas y varios fallecidos.

Por aquel tiempo también se dio un hecho que la historia de Celica lo registra con dolor e indignación: la agresión en contra de una de sus hijas, una joven de veinte años que brutal, violenta y despiadadamente fue violada en su domicilio, la noche del 17 de noviembre de 1930, por parte del Teniente Gonzalo Rosero acompañado de diez de sus hombres pertenecientes a un piquete de caballería del batallón Yaguachi, que a mediados de ese año había llegado a Celica.

A Gloria Vicenta Chiriboga, mujer virtuosa y de profundas convicciones morales y cristianas, que fue la agredida, la ahogaron con las manos y dieron de trompones para que no pudiera gritar ni pedir auxilio. Unos soldados la tenían de pies y manos mientras otros hacían guardia y amedrentaban a sus otras hermanas. En sus senos estaban las huellas de mordiscos que cual trogloditas dejaron los violadores.

Mancillada en su dignidad trató de inmolarse causándose graves heridas. El Dr. Alfonso Punín la atendió, pero ella se resistió a cualquier medicación, simplemente quería morir. Trece días más tarde falleció. Las campanas de la iglesia replicaron con honda tristeza y el pueblo enfurecido reaccionó exaltado.

Oscar me comentó que la prensa nacional se hizo eco de ese abominable suceso y el sentimiento de enfado y protesta se hizo presente a través de muchas voces que se alzaron en el país. Como consecuencia de ello, el Batallón Yaguachi tuvo que abandonar la provincia de Loja; sus jefes fueron arrestados y los involucrados sometidos a juicio. El Teniente Rosero tuvo un final trágico al verse acorralado por el repudio generalizado.  

En la ciudad de Loja se conformó un Comité en “Defensa de la Mujer Lojana” que, como parte de su gestión, difundía un folleto sobre temas reivindicatorios. En uno de ellos el ilustre Máximo Agustín Rodríguez escribió un hermoso poema bajo el título de “Gloria Vicenta Chiriboga, Mártir de Honor”. De su parte, Pedro Víctor Falconí habló de la enseñanza excelsa de su sacrificio.

Celica ha sido cuna de ilustres hombres cuyos nombres conservamos en nuestra memoria, como el héroe Teniente Maximiliano Rodríguez Loaiza, los hermanos Rafael y Jorge Guillermo Armijos Valdivieso, Graciela Rodríguez Bustamante, Enrique Jacob Torres, Arsenio Espinosa Feijoó, Juan José Astudillo, Zabulón Bustamante y Armando Bustamante Martínez, quien, junto con el sacerdote Lautaro Loaiza, mentalizó y gestó la cantonización de Alamor.

Zuly Cueva afirma que el General Segundo Deifilio Morocho Jimbo también nació en Celica, y Rodolfo Pérez Pimentel dice que fue hijo del Mayor Deifilio Morocho. Años antes de la dictadura de la Junta Militar de Gobierno, del 63 al 66, donde fue Ministro de Obras Públicas, el General extranjerizó su apellido en Morochz, dándole un toque afrancesado.

La ubicación estratégica de Celica, desde donde se bifurcan las vías hacia la frontera y a la provincia de El Oro, ha sido determinante para su desarrollo urbano y productivo. Los municipales dicen que es el único cantón, aparte de Loja, que tiene Terminal Terrestre, Mercado Centro Comercial, ciclovia, Recinto Ferial, Estadio Cantonal, Coliseo Cerrado y Complejo Recreacional.

Le comenté a Oscar que estoy ligado sentimentalmente con Celica porque mi padre tenía su heredad en esa jurisdicción. En los meses de vacación escolar visitaba frecuentemente a esa linda ciudad encaramada en plena cordillera, para saludar y disfrutar con buenos amigos, entre los cuales se cuentan los Bustamante, González, Poma, Benítez, Flores, Arciniegas, Granda, Jaramillo, Martínez, Mendoza y Apolo. Aquellos son gratos recuerdos de esa tierra hospitalaria, de gente amable y mujeres preciosas.