El valor de vivir con conciencia

Sandra Beatriz Ludeña

Vivimos en un mundo cada vez más exigente y vamos corre, corre, sin que nos alcancen las veinte y cuatro horas del día.  Hoy, las cosas tienen que ser productivas, incluso el tiempo de ocio, por esto, mucha gente quiere sacarle provecho a un tiempo que discurre en el mundo virtual y todo porque nos enfocamos en el rendimiento.

Sin embargo, nadie ha entendido que esas exigencias a las que nos adherimos, cada vez más altas, son una trampa, si reducimos la vida al paradigma del perfeccionamiento, del rendimiento, perderemos el sentido de los elementos que conforman el mundo real, llegando a pagar con libertad para inevitablemente ir al desánimo y la frustración.

En realidad, es muy fácil caer en ese juego, se eliminan las barreras que separan el placer de los deberes y obligaciones, cuando eso sucede, perdemos el control consciente de la vida.   Conozco quienes a más de sus ocupaciones laborales y domésticas, han dedicado años a rendir virtualmente en redes sociales, qué quiero decir con esto, ahora lo explico:

Está de moda que se vaya al paseo, más con la intención de sacar las fotos para exhibirlas en las redes sociales, que por el deseo de disfrutar el momento.  Es decir, producimos experiencias y emociones para exhibirlas, esto es, no importa ceder el disfrute de tales momentos, cuanto sacarle provecho de exhibición.  Definitivamente, esto es perder el valor de las cosas.

El valor de emprender en una actividad radica en el disfrute  y no en la cantidad de actividades y emociones que produzcamos para mostrarlas en público.  Muy pocas personas sensatas, protegen su privacidad.  Conozco amigas que se van de paseo a una playa paradisíaca y se dedican a vivirlo, se mojan pies y alma en esas aguas saladas, pisan la arena caliente, se dejan broncear por el sol y se conectan con el momento.  No se preocupan por tomar las fotos con diferente ropa de baño, los mejores paisajes y llevarlas a sus espacios virtuales para demostrar lo felices que son.

Una compañera de labores me dice que no tiene tiempo y se justificaba indicando que a más de la labor de ocho horas diarias, las tareas de casa, tiene que mantener dos páginas en su Facebook, pues, tiene seguidores.  Todo esto la tiene agotada y aun así, no está dispuesta a cerrar ese canal de comunicación.

Emprender en cualquier actividad sea laboral o de ocio tiene un valor esencial, este es que debe hacernos felices plenamente, es decir, saciarnos de ese disfrute y  luego de eso, queda la opción de compartir algo, no todo, de tales momentos en redes sociales.

Estar conscientes de esta pequeña diferencia nos protege de caer en la trampa de vivir presos, perdiéndonos lo mejor de la vida y, alejar la posibilidad del desánimo, por no avanzar a competir en ese mundo de falsas expectativas.