Reflexiones sobre el paro

Luis Pineda

Los acontecimientos del mes de junio en el Ecuador, son motivos que deben ayudarnos a reflexionar sobre las realidades que hemos vivido y los respectivos aprendizajes que podemos aplicar en nuestra vida y en las situaciones de nuestra querida patria.

Nos llenamos la boca diciendo: el paro ha terminado. Tamaño error, el paro está suspendido. Otra cotidiana expresión: ha triunfado la democracia. Si observamos los acontecimientos, no hay triunfadores ni perdedores, lo que sí hay: seis personas fallecidas, millones de pérdidas económicas, renacimientos de racismos y regionalismos, la fuerza pública incondicional del poder político y enemiga del pueblo y varios etc…

Otro craso error: por fin se fueron los indígenas. El paro no fue solamente del movimiento indígena. Es verdad que ellos lo lideraron, pero, estuvieron como parte del paro: campesinos, obreros, estudiantes y pobladores de los barrios quiteños y de los alrededores, niños y ancianos, jóvenes y adultos, mujeres y hombres… todo el pueblo… sí, los indígenas se marcharon a sus comunidades y fueron despedidos por los quiteños como héroes y mártires… claro por el pueblo, porque el paro nos reveló una novedad, bien novedosa como diría un amigo: no sabíamos que hay gente de bien, gente de sangre azul…

Finalmente, jamás olvidemos la reflexión que nos hace el padre Pedro Pierre: “El neoliberalismo es tan perverso que nos engaña hasta sobre lo que miramos. Es la moraleja del refrán: “¡Nos quedamos en mirar el dedo y no lo que nos enseña el dedo!” Gritamos: “¡Fuera Lasso, fuera!” Tenemos razón, pero sólo en parte porque no nos damos cuenta que “nos quedamos en las ramas”, en lo exterior y secundario, y no llegamos hacia lo esencial. Lasso no es más que el títere de un sistema que lo beneficia a él y su grupo, que nos perjudica a nosotros y nos cierra el camino para salir de la pobreza y nos impide vivir en dignidad, fraternidad, justicia y democracia. La movilización cuestiona las relaciones de poder, autoridad y legitimidad.

Es por ese motivo que la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas) no pide en primer lugar lugar la salida del presidente Guillermo Lasso, sino la consecución de unos 10 puntos que desbancan el sistema neoliberal. El entorno de Lasso lo ha captado muy bien: Defienden el sistema neoliberal negándose a dialogar sobre estos 10 puntos planteados por la CONAIE. De un lado, el gobierno responde parcial e hipócritamente a algunas demandas de los 10 puntos, pero por otra proclama el estado de emergencia, sataniza los dirigentes de la CONAIE y particularmente su presidente, justifica el uso progresivo de la fuerza letal, inventa las acusaciones de narcotraficantes, vándalos, delincuentes y terroristas contra los indígenas, ordena disparar gases lacrimógenas y perdigones mientras manifiestan pacíficamente, presiona a los asambleístas para que no decreten la muerte cruzada y el despido del presidente.