Encuentro

P. Milko René Torres Ordóñez

Una de las palabras que, en lo personal, tiene un profundo sentido espiritual es Encuentro. Podemos definirla como coincidencia o reunión de dos o más personas o cosas en un mismo lugar. Existen diversos modos de encuentro: casuales, circunstanciales, programados. Lo más valioso de esta experiencia son las huellas que dejan en nuestra vida. En el devenir frecuente de cada acción que realizamos debemos dejar la impronta de cada buena acción.

En su momento escribió Antonio Machado que hacemos camino al andar. El encuentro inolvidable lo viviremos con un ser al que amamos con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas. El encuentro con la Trinidad es plenitud y transformación. Abrahán es un modelo en quien reflexionar. Lo llamamos el padre de la fe, porque vive varias experiencias religiosas. Yahvéh, Dios, lo visita con la finalidad de hacerle la promesa de su paternidad. Su paso junto a nosotros es una experiencia inenarrable. De ella, han hablado muchos personajes en la historia del mundo. Cito un texto de santa Teresa de Jesús: “Quisiera yo poder dar a entender algo de lo menos que entendía, y pensando cómo puede ser, hallo que es imposible; porque en sólo la diferencia que hay de esta luz que vemos a la que allá se representa, siendo todo luz, no hay comparación, porque la claridad del sol parece cosa muy desgustada”. El misterio de Dios, señala san Pablo, está presente en su hijo Jesucristo. Es una verdad que, al tiempo de volverse misteriosa, está humanizada. De esta manera, el hombre participa de esta gracia. Los encuentros con Jesús son eternos. Cada autor sagrado del Nuevo Testamento, en este caso san Lucas, habla del camino de Jesús. La ciudad santa, Jerusalén, es punto de llegada y de partida en la misión del anuncio del reino. En su paso, detiene su andar en la casa de sus amigos. De Marta y María. En el corazón de Jesús hay lugar para todos. Ama con una decisión universal, llena de plenitud. El encuentro con las mujeres no es la excepción. Menciono, además, a María Magdalena, la mujer sirofenicia, la hemorroísa, y muchas otras. Con la cooperación de María, su madre, y de la mujer, el anuncio del evangelio es incluyente. Jesús se detiene en Betania, casa de acogida, en la que siente que es bien recibido, puede desenvolverse con libertad, hablar con pasión, mostrar el rostro de su Padre. San Lucas destaca el encuentro que abre las puertas para que su palabra sea escuchada. María, elige lo mejor. La Palabra de Dios, es la mejor opción, tanto más que una alternativa ante tantas cosas que hay en el entorno. En nuestro mundo. La palabra profética de Jesús ilumina. El discípulo bebe de la fuente de agua viva con la finalidad de configurar su libre decisión de amar, seguir, servir, dar gloria a Dios. Marta cumple con su misión. Hace lo suyo. Sin embargo, también debe escuchar. Cuando Jesús pasa a nuestro lado deja más de una huella. Lucas define a María como oyente de la Palabra. Se convertirá en peregrina de Dios.