Tiempo para pensar

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Al iniciar este nuevo ciclo de vida quiero reflexionar acerca de cuan manipulables somos en ciertos momentos. Aunque no nos demos cuenta, hay demasiadas personas que quieren tener control sobre nuestros actos. Por esto, creo oportuno expresar esto que ahora explico.

El consumismo es un mecanismo muy conveniente para los grandes capitalistas dueños de empresas y transnacionales, supermercados y tantos otros negocios muy rentables que generan millones de dólares en utilidades a sus accionistas, es por esto, que quienes están detrás de ese súper-mundo, les gustaría tenernos bien controlados.

Así la telefonía es un buen aliado para tales fines, pues quién en estos tiempos no carga su teléfono celular encendido, y de tal manera, siempre conectado y comunicado, consumiendo saldo y megas.  Es tan predecible la persona que se queda sin saldo en su celular, pues hará lo imposible para recargar y volver a entrar en la espiral infinita de consumo. 

Por esto, muchos andan dependiendo de su teléfono móvil y pocos son independientes de un mundo de consumismo dirigido. Creo pertinente decir, que sin obviar lo beneficioso de las comunicaciones, sería oportuno demostrar quién tiene el control, y atrevernos a apagar el teléfono según nuestra necesidad de vivir sin interrupciones, o dejarlo a un lado, o hastiarnos de la manipulación y tratar de vivir de forma más inteligente.  Es tiempo de reflexionar.

Las personas que gozan de un empleo, pues tienen un trabajo fijo, acostumbran a esperar el sueldo para ir a abastecerse de provisiones alimenticias a los supermercados, pero ¿somos nosotros los que elegimos dónde comprar?  Diría que no, en realidad hay muchísimo mensaje que apela a nuestra psicología, para controlarnos, dirigirnos y hacernos pensar que hemos hecho la elección correcta.  Por esto, nos presentan las grandes cadenas de tiendas con descuentos, pulcritud, calidad, y no solo eso, sino la posibilidad de encajar entre los exitosos, los que gozan de holgura económica para dedicarse al placer de comprar. 

Sin embargo, quién piense un poco más, se dará cuenta de que al comprar en estos establecimientos contribuimos a enriquecer a empresas y personas de otras ciudades, pues, nuestro dinero va a los bolsillos de grandes inversionistas y así los ricos son cada vez más ricos y nuestros pobres cada vez más pobres.  Si reflexionáramos, elegiríamos mejor a quién comprar, cómo comprar y por qué comprar.  Es tiempo de pensar.

El mundo moderno nos ha alejado de la capacidad de pensar, ahora actuamos por impulso, por emociones, por reacciones.  Vivimos de lo que se siente superficialmente y no de lo que debería ser un proceso de pensamiento y acción.  Si queremos un año con bienestar, tenemos que empezar a hacer tiempo para pensar y tomar decisiones.