¿Quién responde por el canal de riego de Zapotillo?

César Correa.

El plan neoliberal de destruir todo lo público avanza a paso de vencedores por todo el territorio nacional. No se necesita hacer ningún esfuerzo para que dicho proyecto tenga éxito, simplemente hay que encargarle al tiempo que haga lo suyo, dejar que las cosas vayan envejeciendo y derruyéndose naturalmente, como se está haciendo hasta con obras tan virales para la provincia como sus canales de riego.

Allí está el canal de riego de Macará cuya vida útil ya terminó y no cuenta con ningún proyecto alternativo para garantizarles a los macareños el servicio en buenas condiciones y por tiempo prolongado, a pesar de que todos saben que el riesgo de un colapso es enorme. ¿Qué institución debe encargarse de solucionar el problema a tiempo? Lo pregunto porque no hay ninguna que haya asumido la responsabilidad.

El canal de riego de Zapotillo no está en tan deplorable condición, porque no hace mucho se lo terminó de construir, pero hay sectores que es evidente no han recibido mantenimiento alguno jamás y por lo tanto la obra va por el mismo camino del canal de Macará, aproximándose a un prematuro deterioro.

El martes anterior realicé una visita a la captación, acompañado de los amigos Ing. Víctor Gonzalo Maza y Dr. Jorge Ortega. El río venía con bastante caudal, cargado de troncos, piedras, arena. Lo más grueso se quedaba sin ingresar al desripiador, como tenía que ser. Luego el agua pasaba a los desarenadores, que no tenían control humano alguno y no están cumpliendo su función, porque el agua corría a tal velocidad que ingresaba al primer túnel del trasvase cargada todavía de arena, no se diga de material más fino. Quizá la arena se fue quedando a lo largo de los 14 kilómetros del trasvase, pero en Saucillo el agua seguía muy turbia.

Observando los mecanismos que debían usarse para abrir las compuertas y proceder a la limpieza natural del desripiador y de los desarenadores llegamos a la deducción de que no habían sido tocados por largo tiempo, pues estaban cubiertos de gruesa capa de polvo.

El agua llegaba hasta el tope del canal, lo que hace suponer que ingresaban 10 metros cúbicos por segundo, para regar 3.000 hectáreas. ¡El triple del agua necesaria! ¿Por qué? ¿No existe el técnico encargado de regular el caudal que debe ingresar al canal?

El Estado invirtió por lo menos 130 millones de dólares en la construcción del canal, para regar por lo menos 6.000 hectáreas ¡Y lo abandonó! Porque la Junta de Regantes no tiene la capacidad económica para financiar el mantenimiento adecuado. Tampoco lo tiene el Consejo Provincial.

Este lacerante desprecio a los zapotillanos y a los lojanos durará mientras tengamos gobiernos neoliberales. La suerte cambiará cuando pongamos gobernantes partidarios de que el Estado intervenga vigorosamente con cuantiosas inversiones en empresas públicas. (I).