Para ti, maestro ecuatoriano

Quilanga, 13 de abril 2023

La docencia es una vocación y un compromiso de servicio, en donde, los profesionales de la educación y formación de los niños, niños y adolescentes comparten aprendizajes, valores y la vida en el aula, a fin de entregar a la familia y a la sociedad muy buenas personas con las posibilidades de enfrentar su proceso de vida desde la ciencia, la acción y la vivencia de los valores.

El trece de abril, para el docente ecuatoriano, significa traer a la memoria a hombres y mujeres que dignificaron el ejercicio profesional docente y que por su sapiencia y coherencia forjaron el Día del Maestro Ecuatoriano. Me refiero a Juan María Montalvo Fiallos, Luis Felipe Borja, Federico González Suárez y tras ellos, una cadena interminable de hombres y mujeres que enarbolaron la bandera de la dignidad, la rebeldía, el honor y la justicia del maestro.

Juan Montalvo, un ambateño dedicado a las letras y a la palabra, nació el 13 de abril de 1832. Su formación y profesionalismo hacen de él un hombre de letras, en sus escritos fue fiel a su pensamiento y cuestionó el poder político constituido en la figura del general Ignacio de Veintimilla. Su obra Las Catilinarias, compilación de 12 ensayos, es considerada una de las grandes obras de la literatura ecuatoriana que cuestionaron las intransigencias religiosas y políticas de la época.

Luis Felipe Borja, quiteño (20 de febrero de 1845 – 13 de abril de 1912), erudito jurisconsulto y literato, incursionó en la vida política con ideas liberales y llegó a desempeñarse como Concejal de Quito, Diputado y Senador, miembro fundador de la Academia Nacional de Historia y de la Academia Ecuatoriana de Lengua. En el campo de la educación se desempeñó como docente y rector de la Universidad Central del Ecuador.

Federico González Suárez, quiteño (12 de abril de 1844 – 01 de diciembre de 1917), fue un eclesiástico, político, historiador, catedrático universitario. Desde el servicio a Dios, primero en la comunidad religiosa de los jesuitas, luego como sacerdote, obispo de Riobamba y Arzobispo de Quito animó la vida de su pueblo, como maestro y pastor lo llevaron a publicar la Historia general de la República del Ecuador (1890-1903) y un Atlas arqueológico (1892). Jamás claudicó a sus ideas y vivió la transición de las tensas relaciones de la separación entre iglesia y Estado.

Así, con la coincidencia de las fechas de nacimiento y muerte de los tres insignes maestros, el entonces presidente de Ecuador, Alfredo Baquerizo Moreno, el 29 de mayo de 1820, mediante firma de decreto declara al 13 de abril Día nacional del Maestro Ecuatoriano.

Celebrar el Día del Maestro es poner una pausa al tiempo y, hacer de esta, una ocasión para celebrar la vida y compromiso de los profesionales en la educación y a la vez, es para reflexionar en nuestro compromiso y ser de maestros, ejemplo y modelo para los estudiantes, es la responsabilidad de ofrecerles la mejor versión posible de nosotros mismos, para consolidar cultura del esfuerzo, el espíritu de sacrificio, la capacidad de trabajar en equipo y sumar, y aportar a esta sociedad que tiene puestas las esperanzas en la educación.

Ser maestro es construirse cada día, es descentrarse para volverse a concentrar, es volver a vivir nuestra propia escuela con los ojos de un adulto, emocionarte con sus nuevos aprendizajes, creer en sus procesos y capacidades, saber que son diferentes, únicos y especiales.

¡FELIZ DÍA, MAESTRO!