Por: Sandra Beatriz Ludeña
Para ser buenos ciudadanos es preciso tener una visión ciudadana, entender qué es sociedad. Es por esto, que vengo con esta nueva propuesta, de “Suerte de nación horizontal”, que pretende dejar ver cómo el tejido social dentro del imaginario de nación, es también realidad social. Veamos lo que intento explicar.
Desde tiempos históricos y con más claridad, en la época Republicana, la familia, el matrimonio y las tradiciones sociales son instituciones fundamentales de la nación. Para entender mejor tales instituciones, y la hipótesis de “Suerte de nación horizontal”, hay que decir que la familia es símbolo y metáfora de la nación.
La familia, las relaciones familiares y las tradiciones que la forman, son parte de una alegoría de la nación que se intenta fundar. “Como núcleo social básico”, con un sentido fuertemente homogeneizador, la familia en una relación metonímica, (y a veces metafórica), con la patria.
Por esto, en la retórica fundamental se habla de una hermandad nacional, en la que los ciudadanos son “hijos de la patria”, son también “hermanos” entre sí.
La representación de la gran familia, fue sugerida por Anderson, quién afirma que como una comunidad imaginada “la nación se concibe como una camaradería profunda, horizontal” (Anderson 1991), con un ideal de fraternidad de personas, que, aunque no son hermanos de sangre, forman lazos similares a los del parentesco sanguíneo.
Esa ha sido la concepción de patriotismo que hace de la familia, la alegoría de la nación, así existe una familia extendida, como símbolo unificador en esta representación. La percepción idealizada de la nación como una madre, es ya expresada por los poetas post-independentistas que dedicaban odas amorosas a la “madre patria”.
Mas, en estos tiempos, los hermanos que comparten una sola bandera, viven el canibalismo, agitado por la crisis social interna y económica. Entonces, nos preguntamos: ¿Tendremos destino de cainitas?
Por lo expresado, aunque la nación ya no sea más esa Madre Patria, por la cual se puede dar la vida, son los preceptos de la “Ley del Padre”, la autoridad primaria. Por esto, aunque la figura de “hermanos patrióticos” esté quemada, hay que rescatar la hermandad, que propicie menos rivalidad, odio, envidia, y busque ese ideal de fraternidad de personas.
Vivimos una época de intensa violencia en las calles de este país, y aunque los ecuatorianos hayamos mutado hacia seres cada vez más lejanos, lo que nos puede salvar, es justamente el sentido de hermandad. Reitero “camaradería profunda y horizontal”, y esta se da cuando nos reconocemos como hijos de un solo Padre Supremo, y vivimos en la “Ley del Padre”, con hermandad y propiciando destino de nación horizontal.
