Benjamín Pinza Suárez
El Ecuador, en tan poco tiempo, perdió el rumbo del desarrollo, del progreso, de la inversión en la obra pública que tanto bien hace a la dinamización de la economía, a la generación de fuentes de trabajo, al comercio, al turismo y al adelanto de nuestros pueblos y todo, por insensatez, por revanchismos y porque pesaron más los oídos que el sentido y el amor a la patria.
Nada es más peligroso para una sociedad que el odio visceral introducido como reflejo condicionado en las personas, porque mata la capacidad de pensar, discernir y actuar. La mentira que es otro mal repudiable en nuestro país, siendo tan dañino, no es tan perverso como el odio; es que el odio daña tu forma de ser, deforma tu personalidad, te irrita, te vuelve violento, histérico, antipático ante los demás, te hace perder el sentido de lo humano y, lo que es más, el odio hace más daño al odiador que a la persona odiada. Qué fácil es odiar y qué difícil amar. Si la gente amara con la misma fuerza con que odia, otra cosa sería el mundo.
Nadie quiere vivir en una sociedad saturada de rencillas y odios, porque eso sería una locura. Las personas sensibles, inteligentes, que sueñan en lo mejor para sí, para su familia, para sus amigos, sus congéneres, para su país, siempre anhelan vivir dentro de una atmósfera de sosiego, calma, tranquilidad, donde el respeto y la consideración al otro, sea la norma que guíe el diario vivir; donde la comprensión, la solidaridad, el apoyo mutuo sea la mejor actitud y en donde el derecho al trabajo, a la superación, al bienestar, a la sana diversión, sean la más saludable conducta humana. Las personas felices son aquellas que nunca están pensando en hacer daño a los demás, sino en ser útiles a sus semejantes.
Los ecuatorianos estamos frente a un proceso electoral y es bueno llenarnos de sensatez y sentido de patria para exigir a los candidatos que nos presentes las mejores propuestas para superar la terrible inseguridad, la falta de empleo, el desarrollo productivo, el apoyo a los emprendimientos, a la educación, a la salud, a los buenos servicios públicos, que en definitiva eso es lo que más nos importa a los ecuatorianos. Ese es el anhelo de todos. La gente no quiere peleas, insultos, debates espurios que solo sirven para sacarse los ojos entre los candidatos.
La gente quiere soluciones a sus graves y urgentes problemas. Hagamos votos para que todos los candidatos aspirantes al solio presidencial y cada uno de nosotros como ciudadanos de bien, nos cobijemos bajo la bandera de la ecuatorianidad, nos llenemos de serenidad y amor patrio para que a nuestro querido país le vaya de lo mejor.
