La historia de una ciudad

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Rescatar la memoria de una ciudad es una buena misión para contrarrestar los efectos de la modernidad, que nos hace dejar atrás un pasado a marchas forzadas. ¿Qué intento decir con esta reflexión?

Despertar un deseo de mirar, Loja es una ciudad con una desmemoria notable; a pesar de ser cuna de artistas y centro cultural por muchísimas razones, no contamos con un archivo histórico nutrido con verdaderos elementos que permitan decir así fue esta ciudad tan lojanamente prestigiada.

Loja se ha ido transformando de una manera impensada, su faz se ha dado vuelta hacia la imagen de una modernidad que, si bien no es desagradable, tampoco reemplaza la historia de cada barrio, de cada rincón que lleva nombres, que tienen historia.

Es difícil decir hacia donde evoluciona una ciudad, porque su historia está sujeta a continuos vaivenes. Con una mirada, solamente siguiendo el hilo de lo evidente, puedo hablar por ejemplo del barrio en el que nací, San Sebastián, desde que soy consciente de conocerlo, a finales de los años setenta, este fue un barrio sencillo, con sus casas de adobe o tapia, con su plaza de la independencia que no siempre fue, lo que hoy es. Sin embargo, su nombre ha mantenido vivo el sentimiento patriótico de los próceres independentistas.

Luego fue cambiando, con la movida del tiempo, la plaza fue remodelada por varias ocasiones: la fachada de la iglesia, la Torre del Reloj de San Sebastián, que es icónico para hablar de lojanidad.

Así, las edificaciones subieron de precio, mudaron de propietarios, los arriendos se pusieron privativos, las casas dejaron de ser viviendas y se convirtieron en comercios; así aterrizó el ruido y el entretenimiento, como consecuencia del uso del espacio ya no como residencia sino como ocio.

Esta ola ha ido creciendo, y, ahora el centro de Loja es una locura, las casas tienen precios altísimos y sirven para que los especuladores las conviertan en centros comerciales, que han olvidado por completo la historia, mientras que los comercios de toda la vida, han cerrado para dar paso a una nueva generación de propuestas comerciales.

Así, crece la marea de lo que no se recuerda, es decir, la negación del pasado, que nos deja incapaces para poder apreciar el presente. Para eso sirve la historia, para poder valorar. Creo importante saber las razones, los orígenes de cada barrio, de cada nombre, cuántas cosas ignoramos los lojanos y cuánto perdemos por estos vacíos culturales.

Entonces, también es importante saber preguntar, saber contar, saber escuchar y, tratar de documentar esas historias, porque, sino se lo hace, formamos parte de ese silencio colectivo, del que inconscientemente somos cómplices. La historia de una ciudad la hacemos sus actores.