Benjamín Pinza Suárez
Qué bien nos cae en los actuales momentos este “Canto a la vida” escrito por mi dilecto amigo cuencano Marco Tobar y que me acaba de compartir, más aún cuando los ecuatorianos no nos estamos tratando como hermanos sino como enemigos, en donde más imperan las actitudes malsanas que la generosidad y nobleza de alma, cuando hemos dejado de ponerlo al país como centro de atención y preocupación ciudadana y, si a ello sumamos el hecho de que estamos atravesando por los momentos más críticos de la historia de este país, sin que nadie esté a salvo de ser víctima de la delincuencia, este canto a la vida viene a ser un canto a la esperanza, a brisas nuevas, a “perfume de retama”, a “hierba mojada”, al madrugar del campesino y a sus tempranos: temprano merienda, temprano se acuesta y temprano se levanta. Este es el canto a la vida de Marco Tobar que sueña en la “buena cosecha, en abarrotar graneros, en disfrutar, amar y vivir; en huir de la muerte para saludar a la vida”.
“No ha madurado el manzano, el capulí, la chonta con raíz profunda, pero pronto darán frutos, días de luz y sol brillante nos abraza; disfrutar, amar, reír porque la vida es generosa y buena; la felicidad llega…” pero obliga a luchar con entusiasmo, persistencia y confianza.
Ver la vida con encanto es darle mil razones a la existencia humana. Se ha dicho, con mucha razón, que la vida te atiende de acuerdo a cómo la llames. Si la llamas con desencanto, así te atenderá; si la llamas con optimismo y alegría, así llegará a ti. Marco Tobar camina por lo agreste, por lo bucólico, por surcos ataviados de trigales, por senderos con color y olor a “olivos porque nos hermana”, porque detrás de cada eucalipto, de cada ciprés, de cada pino, de cada cedro o romerillo, se esconde el murmullo de la vida y sus enigmas.
Con este canto a la vida que nos comparte Marco Tobar, nos entrega un vaso de agua cristalina para llenar la sed de nuevos tiempos y trotar al compás de las cigarras, deshilando tinieblas en procura de nuevos aurorales. Gracias por este canto a la vida, apreciado amigo, porque con tu canto a la vida nos alientas, nos haces amar la naturaleza, porque en la naturaleza está el numen de la vida, en ella está el secreto de las buenas energías, en ella nos acunamos, dormimos y despertamos, ella nos alimenta, nos fortalece y nos cobija, en ella está la siembra y la cosecha, en ella palpita el ir y venir de nuestros días.
Gracias por este canto a la vida que es un rico potaje sazonado con los ingredientes de los años que te acompañan para llenar la copa del silencio. Gracias por invitarnos a meditar en lo que somos, tenemos y actuamos y bañándonos de frescos amaneceres.
Que tu sensibilidad, que tus sueños y tu canto por la vida vaya junto al “Laberinto coloquial” de ese otro enorme poeta de tu hermosa Cuenca: Flavio González Vintimilla, que se suma a tu sentir cuando expresa que: Marco “ve pasar a la vida tan extraña, tan ligera que se va como el invierno en el río. Como la lluvia en los cristales y te invita a que sigas cantando —lejos de evangelios y Dioses— con el mismo trino de tu voz, sin metas ni mentiras. No hace falta la métrica ni lloriqueos cuando se canta a la vida con ternura y que los paisajes son más hermosos cuando “se recogen las flores, junto al manzanero”.
