Un 26 de octubre hace 25 años

Diego Lara León

Era diciembre de 1999, días complejos para el país, porque estábamos a punto de llegar al techo de la peor crisis económica del Ecuador en su historia, en esos tiempos yo estaba en los últimos ciclos en la Facultad de Economía.

Con una querida compañera y amiga, Natalia Armijos, hoy directora de Cultura de las Organización de Estados Iberoamericanos, emprendimos en un inolvidable proyecto, que fue posteriormente presentado en un concurso nacional de investigación. Se nos ocurrió medir el impacto en la frontera ecuatoriana peruana un año después de la firma de la paz.

El 26 de octubre de 1998, los presidentes Mahauad y Fujimori, firmaron en Brasilia, en el palacio de Itamaratí, aquel histórico acuerdo, que ponía fin al conflicto binacional mas antiguo de América de Sur.

Natalia y yo decidimos ir a los pueblos fronterizos a preguntarle a la gente ¿qué opinaban sobre la firma de la paz? ¿qué había cambiado en un año? Visitamos Huaquillas, Aguas Verdes, Macará, La Tina, Paquisha y Zumba. No pudimos por diferentes razones llegar a Jaén, Sullana y Bagua.

La vida de los pueblos fronterizos por esos años se desenvolvía con un aislamiento casi inhumano, las vías de comunicación eran intransitables, polvorientas o llenas de lodo, dependiendo de la época del año.

Nuestro periplo empezó en Macará y La Tina. En Macará fuimos bien recibidos y la población en su gran mayoría sentía como un milagro que se haya firmado la paz. En nuestro paso al Perú no fuimos tan bien recibidos, el camarógrafo, que documentaba todo el proyecto y yo, fuimos detenidos en la Tina, pasamos un par de horas en los calabozos de esa población, porque los militares peruanos, asignados a ese destacamento nos acusaron de “espías”, por esos días ciertos militares peruanos y creo que algunos ecuatorianos, no estaban de acuerdo con la firma de la paz, el conflicto aún estaba en sus mentes y en sus corazones.

Luego de algunas llamadas, entiendo que a Piura, nuestros “captores” decidieron dejarnos en libertad, no sin antes “advertirnos” que no éramos bien recibidos y que debíamos salir inmediatamente de su país. El retorno lo hicimos desde La Tina, no por la carretera, sino por el río, puesto que se encontraba con un caudal muy bajo. Del otro lado del río mientras lo cruzábamos, una persona a lo lejos nos movía las manos con mucha insistencia, mi camarógrafo y yo pensamos que era un compatriota que nos estaba dando la bienvenida. Al llegar a la orilla ecuatoriana, aquel buen hombre, nos contó que el río estaba minado y que somos afortunados de no haber pisado una de aquellas minas.

Para continuar con nuestro periplo, tomamos nuestra camioneta para ir de Macará a Zapotillo, y en el sector de Vicín, donde no había puente por esos años, pasamos en una improvisada gabarra, construida con 16 tanques de aceite de 55 galones. Nuestro vehículo estuvo a punto de terminar en el fondo del rio.

En Aguas Verdes, nos pidieron dinero para poder entrevistar a las personas, igual nos invitaron luego de un par de horas a regresar a nuestro país, con la famosa frase “los monos regresen a su selva”.

Muchas anécdotas tuvimos en aquel viaje. Pero sin duda la que más recuerdo fue una entrevista con un anciano en Zapotillo, confieso que olvidé su nombre. Aquel sabio ciudadano nos contó como cada enero, Zapotillo quedaba casi como un pueblo fantasma, puesto que, al aproximarse el 29 de enero, fecha de la firma del protocolo de Río de Janeiro, las Fuerzas Armadas de ambos países empezaban a “movilizarse y hacer derroche de su poderío”.

“Imposible generar desarrollo”, me decía mi entrevistado, “por eso no tenemos buenas carreteras, ni un canal de riego”, por ese tiempo el canal de riego Zapotillo, era solo un lejano sueño.

Luego de preguntarme, el porqué de mi viaje, me dijo con gran sabiduría. “¿Tú crees jovencito que apenas un año después de firmar la paz, las cosas van a ser diferentes?, se necesitará al menos una generación para que esto cambie. Existe mucho resentimiento de lado y lado. Resentimiento que no proviene de las personas, porque hasta somos familia, el resentimiento nos los impusieron los políticos y los militares”. Terminamos aquella maravillosa entrevista con una frase que aun la recuerdo, él dijo: ‘Mira muchacho, el peor de los acuerdos siempre será mejor, que el mejor de los conflictos”.

Tuvo que pasar mucho tiempo y hoy 25 años después, la relación Binacional ecuatoriano peruana, está en su mejor momento. La hermandad se la siente y se la vive.

Nuestros pueblos fronterizos comparten mas que un territorio similar, necesidades parecidas, y también oportunidades. El presidente Mahauad dijo en la firma de la paz, que: “la paz no se la consigue con una firma, es necesario construirla”.

Sin lugar a dudas, 25 años después ya no hay resentimiento, ahora existe buena vecindad.

El reto en estos tiempos es luchar juntos contra los enemigos comunes: la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades. ¡Que viva y que sigamos construyendo la paz!, ¡que vivan nuestros pueblos hermanos!

@dflara