Por: Sandra Beatriz Ludeña
Esta es una reflexión sobre sostenibilidad de la vida con una perspectiva de género, pues, en las últimas décadas las estrategias de organización familiar y barrial de mujeres son pronunciadamente fuertes desde los sectores sociales populares y esto marca también un ejercicio ciudadano que resulta interesante de apreciar, ¿qué quiero decir con esto?, ahora lo explico.
Me he propuesto mostrar las décadas, a partir del año 2000, período trascendental en nuestro país, ya que se vive la economía dolarizada. El argumento que tomo es que las prácticas en torno a la sostenibilidad de la vida, dejan mayor huella en los barrios periféricos y marginales de las ciudades, donde las mujeres son lideresas, y ejercen formas concretas de ejercicio ciudadano, alcanzando una dimensión política.
Estas ideas vienen después de vivir la pandemia por COVID-19, pues, en plena cuarentena, las mujeres estuvieron al cuidado de la comunidad, y provenían de sectores populares, donde la vida se precariza aún más con la crisis, esto son: obreras, trabajadoras domésticas remuneradas, costureras, vivanderas, quienes sintieron reducirse sus ya magros ingresos, pero, se reproduce sostenibilidad en términos de resiliencia.
Para el efecto, reflexiono sobre tareas necesarias para la continuidad de la vida, tales como: actividades de cuidado en el hogar, o trabajo doméstico, remunerado o no remunerado y comunitario, como referentes de la organización barrial, para gestionar ayudas para la subsistencia y asistencia barrial, incluyendo todas las actividades de conservar, continuar o reparar la comunidad.
Mi punto de vista se dirige a que el género femenino con sus prácticas de cuidado familiar y comunitario, tiene un impacto de dimensión política, aunque parezca polarmente opuesto, esta tesis la sostengo, en el ejercicio de prácticas concretas que rozan la dimensión política, siendo así, que la palabra “prácticas” alude a un aspecto dinámico de construcción social de la ciudadanía, y esto, más analizado, apela a un contexto histórico político, en donde el ejercicio de los derechos y deberes ciudadanos, están asociados a la acción de varios sujetos colectivos.
Los estudios de género apuntan a que en las dos últimas décadas y de manera subrayada, en los años de la pandemia por COVID-19, fue la mujer sobre quién ha descansado la sostenibilidad de la vida, pues, se ve a mujeres trabajando y sosteniendo lazos familiares, redefiniendo las categorías clásicas de mujer urbana, mujer popular, ejerciendo ciudadanías y liderazgos, creando asociatividad, empresas informales y, rompiendo silencios y olvidos a los que fueron condenadas por su sola condición de mujer.
