El baúl de los recuerdos: Las primeras librerías en Loja

Efraín Borrero Espinosa

El dato más remoto que dispongo sobre la existencia de la primera librería en la ciudad de Loja es el año 1941, entendiendo latienda donde se venden libros y se fomenta la lectura. 

Hasta entonces la posibilidad para saciar el apetito de la lectura era acudiendo a la Biblioteca del Colegio Bernardo Valdivieso y a la Biblioteca Municipal creada el diez de agosto de 1900. Clodoveo Jaramillo Alvarado afirma que para 1920 tenía más de cuatro mil volúmenes y asistían a ella un promedio mensual de dos mil lectores. Resalta que “era la biblioteca mejor servida de la ciudad, gracias a la diligencia y talento del señor Miguel Sánchez, quien la ha puesto en relación con las mejores bibliotecas de Norte y Sur América y de Europa, así como de las casas editoriales de los países citados”.

La afirmación sobre el número promedio mensual de lectores resulta sumamente significativo considerando el pequeño número de habitantes que Loja tenía por aquel tiempo, lo cual reafirma el criterio del académico ehistoriador norteamericano Albert Barnes Franklin, quien visitó Loja en 1941 y que entre sus gratas impresiones manifestó que Loja era la ciudad donde más se lee en el Ecuador, además de resaltar que el lojano tiene una capacidad extraordinaria para absorber el valor cultural que puede haber en los libros y revistas que de tiempo en tiempo llegan a Loja.

Evidentemente que el aislamiento y la falta de vías de comunicación nos pasaban factura en el propósito de incursionar de lleno en el maravilloso mundo de los libros, los cuales nos llegaban desde Guayaquil, cuyo trayecto era una verdadera aventura.

No obstante, los intelectuales de la época se daban modos y nutrían sus propias bibliotecas con libros de prestigiosas editoriales. Ángel Felicísimo Rojas escribió: “Desde el año 1930, respecto a los hermanos Mora Reyes, tengo una amistad entrañable, que además comprende una gratitud profunda porque ellos, que eran un poco mayores que yo, y que pertenecían a una generación muy brillante, anterior a la mía, fueron conmigo muy generosos, me facilitaron el acceso a su biblioteca, que era por aquel entonces una biblioteca que reunía los libros más importantes que acababan de publicarse en España, de manera que eran ellos personas que estaban al día en cuanto a novedades editoriales”.

Los hermanos José Miguel y Alfredo Mora Reyes fueron hombres de cultura y su pasión por la lectura los atrapaba. Decían que leer es la más alta ocupación del hombre.

En 1939, Carlos Manuel Valarezo Loayza, oriundo de Piñas, provincia de El Oro, en cuya ciudad se le erigió un busto por ser autor del escudo de ese cantón, decidió radicarse en nuestra ciudad junto con su esposa Ilda María Loayza Loayza, a fin de poner a disposición de la colectividad lojana el arte de la caligrafía elegante y estilizada, que fue su pasión y oficio durante toda su vida. Era un artista profesional especializado que creaba bellas obras escritas, sea para fines personalizados o eventos formales.

La demanda de personas interesadas fue inmediata, ya que con su pluma escribía a mano diplomas, títulos, acuerdos y todo cuanto requería una vistosidad que impresionaba.

Era un hombre culto y como tal se dio cuenta que la opción de comercializar libros de cultura general constituiría una magnífica opción. Con esa visión fundó la Librería Atalaya, en noviembre de 1941, para la venta de libros y revistas de circulación nacional, con gran acogida ciudadana.

En 1948 creó la primera radioemisora comercial de Loja: Radio Ondas del Zamora, en la que fungió como Director. El radio operador fue Flavio Ernesto Coronel Illescas, que junto con Carlos Enrique Vélez fueron los pioneros en Loja.

Recuerdo que tenía su sede en la Plaza de Santo Domingo. Leopoldo Palacios Román, que cantaba maravillosamente, estaba a cargo de una amena e ilustrativa programación. Destacados personajes brindaban su colaboración entre ellos Segundo Cueva Celi, quien estuvo a cargo de un programa de música que se transmitía los domingos.

Sin duda que el aporte brindado al desarrollo cultural de Loja, por parte de Carlos Manuel Valarezo Loayza, un hombre que tenía vocación cultural innata, merece ser reconocido.

En 1951, la Comunidad Lazarista que regentaba el Seminario Menor “San José” de esta ciudad, conformada por los sacerdotes: Pablo Caballero, Superior; Jorge Baylach, Jacinto Rivadeneira y Marcos Galarraga, ibarreños los dos últimos, tomaron la iniciativa de fundar una gran librería a la que denominaron «San José», que funcionaba en los bajos de la edificación de la Curia Diocesana, en la calle José Antonio Eguiguren y Bolívar, hoy Municipio de Loja.

Jacinto Rivadeneira, que fue realmente el propulsor, tomó contacto con su paisano Godofredo Cazar Fernández que apenas frisaba diecinueve años, para que se haga cargo de la librería, conociendo su experiencia en el oficio de librero ya que había trabajado desde los doce años con Monseñor Leonidas Proaño en la librería y Diario La Verdad que dicho sacerdote había establecido.

Godofredo vino a Loja y encantado con esta ciudad empática decidió radicarse sin pensar que sería para siempre, sobre todo porque con el tiempo conoció a Beatriz Kirby Carrión, una hermosa mujer de la que se enamoró y contrajo matrimonio, formando una familia respetable y apreciada en nuestra sociedad.

Con su carisma y cabal conocimiento del negocio, Godofredo Cazar impulsó la Librería “San José” posicionándola en un sitial de prestigio, especialmente por la variedad de textos que se ofrecían para la venta. “Las perchas estaban atestadas de libros; en lugares estratégicos había unos mapas colgando y uno que otro almanaque con fotografía de actrices famosas como Sofía Loren.  Se respiraba la promesa de grandeza intelectual”, comenta Sandra Ludeña.

Cuando la Curia Diocesana decidió vender el lote de terreno que hoy ocupa el edificio del Municipio de Loja, construido en 1969 por el arquitecto Juan Espinosa Páez, reemplazando la estructura concebida al estilo neoclásico, los padres Lazaristas decidieron traspasar por venta la Librería “San José” a Godofredo Cazar, reconociendo que con su esfuerzo y capacidad es que se forjó el prestigio de ese negocio.

En esas circunstancias Godofredo gestionó el arrendamiento de un amplio local en los bajos del edificio del Consejo Provincial, que anteriormente fue ocupado por la famosa y elegante cafetería Petit Café, establecida por Javier Alonso Eguiguren Samaniego quien trajo la idea desde Buenos Aires, ciudad en la que se radicó para cursar los estudios de medicina.  

Godofredo Cazar Fernández, con su gentileza y trato afable conquistó el corazón de los lojanos y ha logrado rodearse de muchos amigos, con algunos de los cuales formó el Loja Tenis Club, aproximadamente en 1955. En lo personal me precio de ser su buen amigo.

Posteriormente surgió la Librería Ecuador gracias al empeño de Luis Fidel Arroyo Naranjo, nacido en Cuenca, quien vino a Loja para ejercer las funciones de Supervisor de Educación. Contrajo matrimonio con Zoila Isabel Cabrera Lozano.

Luego de su fallecimiento la librería estuvo a cargo de su hijo Luis Estuardo Arroyo Cabrera, un profesional estudioso que conocía el contenido de los libros que estaban a la venta.

En 1964 Gonzalo Enrique Uquillas Bailón creó la Librería Reina del Cisne y fue parte de la Compañía de Economía Mixta Lojagas. Por la misma época lo hizo Daniel Palacio con su “Librería y Papelería Palacio”, abastecida con libros traídos desde Guayaquil, Colombia y Perú. En alguna ocasión me comentó que aprendió el oficio por su hermano Ángel Salvador Palacio quien vendía las revistas Selecciones, Mecánica Popular, Vistazo y algunos libros de cultura general en su almacén Todo.  

De lo expresado se puede colegir que los pioneros en el establecimiento de librerías en la ciudad de Loja fueron forasteros que abrazaron entrañablemente esta tierra cosmopolita y la hicieron suya aportando a su desarrollo cultural. Lo hicieron con el convencimiento de que Loja es una ciudad donde la gente tiene hábitos, valores y actitudes que promueven la lectura como una práctica educativa, social, recreativa y de ilustración