Freddy Rommel Coronel Alvarez
En un momento urgente por el riesgo de la Seguridad Alimentaria, hay un producto extraordinario como la algarroba que se presenta como una respuesta ancestral a un problema contemporáneo de desnutrición y pobreza, donde la interrogante es como alimentarnos bien sin agotar el planeta golpeado por la deforestación, allí surge la algarroba como una alternativa para la buena alimentación, pero lo preocupante es que no existe un programa de reforestación en Zapotillo, ni la Mancomunidad del Bosque Seco que recibe fondos de los GAD, ni estos lo ha realizado.
La vaina de algarroba dulce, humilde y profundamente zapotillana, su historia demuestra que los sabores del futuro quizá se escondan en los frutos silvestres que habíamos olvidado.
Durante décadas, en Zapotillo, la algarroba fue vista como un alimento de emergente especialmente cuando los niños estaban en desarrollo y crecimiento, se lo consideraba por las madres de familia como un recurso emergente en tiempos difíciles. Hoy el paso del tiempo y la conciencia alimentaria moderna han devuelto protagonismo a este fruto humilde del campo zapotillano. Antes se destinaba para alimentar, a todo tipo de ganado, hoy la algarrobina ocupa estantes en todo tipo de tiendas y mesas de alta cocina porque la algarrobina convertida en un símbolo alimentario de la sostenibilidad, nutrición y memoria agrícola, ahora no hay, porque es esto no hay un proyecto en Zapotillo para recuperar este alimento de alto poder nutritivo.
La planta de algarrobo (Ceratonia siliqua) es un árbol resistente a las sequías, casi inmortal, que crece donde pocos árboles lo hacen, en suelos pobres, rocas vivas con escasez de agua y calor extremo. Este algarrobo que hasta tiene canciones que le han logrado componer algunos artistas, por ello esta hermosa planta originaria de las cuencas mediterráneas, ha formado parte del paisaje agrícola de Zapotillo y todo el bosque seco tropical de Sudamérica, está en nuestros campos, desde hace más de dos mil años.
Es típico ver sus vainas, largas y de color amarillo oscuro, donde alojan una pulpa densa y dulce que se seca y muele para obtener la algarrobina, harina o polvo de algarroba para hacer un delicioso pan a bajo costo y con un alto poder nutritivo.
La algarroba tiene una dulzura natural y un aroma exquisito, por ello le valió el apodo de “el cacao del Mediterráneo”, aquí en Zapotillo sería el cacao de los humildes, donde todos conocemos que el cacao es un producto de lujo para nosotros, sin embargo, hoy la algarroba quedó relegada por nuestras autoridades, por el quemeimportismo institucional al ámbito rural donde el algarrobo es símbolo de paisaje y alimento para la supervivencia y alternativa ambiental local con ética saludable.
Perfil nutricional de la algarroba
Con su aspecto rústico, la algarroba esconde una estructura que la sitúa entre los alimentos vegetales más completos. Aporta entre 200 y 250 calorías por cada 100 gramos, pero su valor energético proviene principalmente de los azúcares naturales de su pulpa, no de las grasas. De hecho, apenas contiene un 1% de lípidos, frente al 20% del cacao.
Ese bajo contenido en grasa se convierte en una opción ideal para la alimentación diaria. Su poder glucémico moderado permite que los azúcares se absorban lentamente, lo que la hace compatible con dietas que buscan controlar los niveles de glucosa.
Además, la harina de algarroba destaca por su aporte de fibra —hasta un 40% del peso total, fundamental para mantener una buena salud intestinal y una sensación de saciedad prolongada. Contiene también proteínas vegetales, vitaminas del grupo B y minerales esenciales como calcio, potasio, hierro y magnesio.
Otra de sus virtudes nutricionales es su ausencia de cafeína y teobromina, los estimulantes naturales presentes en el cacao. Por eso, es bien tolerada por niños, embarazadas o personas sensibles a estos compuestos.
La comparación entre algarroba y cacao no es casual. Ambas comparten usos culinarios, apariencia e incluso aroma. Pero mientras el cacao debe sembrarse en climas tropicales, y la algarroba crece de forma abundante en el campo zapotillano.
La harina de algarroba se obtiene tostando y moliendo la pulpa seca de las vainas. Su sabor, dulce y ligeramente achocolatado, permite reducir el uso de azúcar en repostería y sustituir total o parcialmente el cacao en polvo en muchas recetas. Además, es naturalmente libre de gluten, lo que la convierte en una opción excelente para personas con celiaquía o intolerancia al trigo.
