Campos Ortega Romero
Confesamos que el presente artículo periodístico, a petición de algunos amigos enamorados del arte escénico, comentamos en torno a una de las manifestaciones artísticas más antiguas que conoce la humanidad, que ha sido cultivado a lo largo de la historia con distintos fines y que se ha constituido como una herramienta para comunicar ideas o generar experiencias, los antiguos griegos lo empleaban como un instrumento de educación al escenificar sus mitos en sus célebres tragedias, mientras que los vanguardistas del siglo XXI lo ven como un campo de experimentación para explotar nuevos modelos de expresión y relación con el público, hablamos de: El Teatro, arte escénico que consiste en la recreación de situaciones mediante actores, discursos, música y escenografía.
La importancia del teatro radica, que, siendo un arte social por excelencia, es a la vez, reflejo de la sociedad. Y constituyendo un resumen de todas las artes, refleja el sentir espiritual de un pueblo. Pero no-solo es un reflejo, lo que daría un papel meramente pasivo, sino también influyente en la sociedad. He aquí la importancia que tiene como medio de extensión y divulgación cultural.
Este poder de atracción, por medio del cual se infunden determinadas ideas, el teatro desde la cultura, creo que se debe realizar en tres formas. La primera, de índole estrictamente artística que contribuya a formar el sentido estético del público, donde sepa apreciar y buscar lo bello. Por supuesto que no se trata de volver al “arte por el arte”, formula caduca y sin sentido en la actualidad, pero en todo caso, se trata de que los elementos estéticos constituyan el porcentaje más elevado del espectáculo.
Una segunda forma se realiza, cuando el teatro es transformado en cátedra, para hacer llegar a la comunidad ciertas tesis: científicas, sociales, religiosas, con la intención de crear una conciencia que haga asequibles y aceptables esas ideas.
La tercera forma de influencia la constituye el teatro cuando se transforma en tribuna, ya sea de carácter político o simplemente patriótico. El teatro constituye un elemento de lucha. Exaltando ideas políticas, sociales en caso de un cambio social, pasa a ser un elemento de propaganda mucho más efectivo que cientos de discursos y proclamas. Claro está que aquí el teatro es simplemente un medio para conseguir determinados fines y que no siempre son de carácter elevado.
