Leonardo Chamba H.
El entorno ambiental de una ciudad es el conjunto de componentes naturales (aire, agua, suelo, flora y fauna) y artificiales (edificios, calles y avenidas, contaminación) que rodean e interactúan con la vida urbana. Por ello, es indispensable definir la relación existente entre las actividades humanas y los efectos que ellas producen sobre los elementos naturales y el espacio construido. Al respecto, la entidad mundial ONU-Habitat promueve ciudades limpias y sostenibles a través de una gestión integral de residuos sólidos, priorizando la economía familiar, la planificación urbana inteligente, la movilidad sostenible y la creación de espacios públicos verdes.
Los principales problemas de impacto ambiental en las ciudades de Ecuador incluyen: contaminación del aire, por las emisiones del parque automotor, industrias y centrales termoeléctricas; recolección ineficiente de desechos sólidos; contaminación del agua, los ríos urbanos y cuerpos de agua, que se ven severamente afectados por descargas industriales y de aguas residuales sin tratar; y, muchos otros más, que sería muy largo enumerarlos.
A pesar de ello, entre las ciudades que sobresalen por su orden y limpieza se encuentran: Cuenca, reconocida en 2025 con el mejor índice de calidad de vida en Sudamérica y una de las más seguras, se caracteriza por sus calles limpias, arquitectura colonial bien conservada y buena gestión de residuos; Loja, pionera en ecología y sostenibilidad, siendo declarada la primera ciudad ecológica de Ecuador en 1992, es un referente nacional por su manejo de desechos y reforestación; Ibarra y Ambato, destacan por la calidad de su aire, siendo reconocidas por la OMS por tener bajos niveles de polución, sobresaliendo, específicamente Ibarra, por su orden urbano y seguridad comunitaria.
Pero, en la ciudad de Loja en la actualidad estas condiciones han disminuido, y, por el contrario, se ha elevado el impacto ambiental negativo en los siguientes aspectos: contaminación de los ríos Malacatos y Zamora por acumulación de desechos sólidos, descargas de aguas servidas; desperdicios esparcidos por transeúntes en calles y parques; circulación en contravía de los ciclistas; mala educación de los conductores de automotores, por no respetar al peatón, pasarse los semáforos en luz roja, estacionarse en doble columna, exceso de velocidad en algunas calles, etc.
Por consiguiente, sería plausible que las autoridades correspondientes establezcan programas de educación ambiental, en todos los estratos sociales, para que a corto o mediano plazo Loja pueda recuperar el buen orden y la limpieza de la urbe, ya que ello redundará en el incremento paulatino de las visitas de turistas nacionales e internacionales.
