Diego Lara León
Una paradoja se expresa con aparentes contradicciones. La historia de la humanidad está llena de estas paradojas.
Cuando era niño descubrí varias paradojas como: “el trompo baila con piola, pero con ella no baila” o la común en todas las mamás “esto me va a doler más a mí que a ti”, pero al final el que aguantaba era yo.
Durante años vivimos quejándonos, “no tenemos tiempo para los nuestros, hoy ya no sabemos qué hacer con tanto tiempo”.
Todos alguna vez dijimos, quisiera trabajar desde casa para disfrutar más de la familia”, hoy “nos hace falta salir de casa”.
Las empresas se resistían a enviar a parte de sus colaboradores a trabajar desde casa diciendo que no era eficiente, hoy obligatoriamente los colaboradores hacen teletrabajo y ha mejorado la productividad, “se trabaja más desde casa¨.
Les suena conocido la frase “cuando tenga tiempo arreglo esa puerta o pinto esa pared, ¿ya lo hicieron?
Alguna vez alguien dijo: “sería feliz viviendo con menos, pero en casa”, ya están en casa y viviendo con menos, ¿son felices?
La vida nos enseña que todo lo que creemos absoluto termina siendo relativo, que un punto de vista no es nada más que la vista desde un punto. Ya se dieron cuenta que los abrazos dejaron de ser una muestra de cariño y hoy pueden ser un arma letal, mientras que no visitar ni abrazar es por estos tiempos la mejor muestra de amor.
Tantos años, tanta seguridad, tanta tecnología y tantos protocolos para cuidarnos del enemigo probable, pero el enemigo resultó invisible. Tantos años imaginando a los héroes con capa, con sonrisa perfecta o corriendo en un campo de fútbol, pero nunca los imaginamos vestidos de blanco, de azul o con chaleco.
Cuando el mundo creado por el ser humano se paralizó, el planeta respiró y empezó a “curarse”, ¿no será qué hemos estado haciendo mal los deberes?
Ya entenderíamos que no somos dueños del planeta, sino unos inquilinos más, ya entenderíamos que hacer lo simple es lo complejo y ya entenderíamos que valor no es lo mismo que precio.
