Carlos Alberto Palacios Riofrío: poeta de la sensibilidad y la ternura

María Antonieta Valdivieso C.

Mi querida e inteligente amiga María Antonia Riofrío tuvo la gentileza de hacerme llegar la recopilación de la obra poética de su esposo Carlos Alberto Palacios Riofrío (Loja, 1941-2018), recogida en una edición de lujo, compuesta de cinco tomos.

En el primer tomo Poemas y canciones consta un video en donde Carlos Alberto declama con pasión, con voz vibrante, conmovedora y enternecedora varios de sus poemas. Santiago Erráez interpreta los versos Princesa castellana y Ciudades hermanas musicalizados por Marcos Ochoa Muñoz; Cecilia, por Blanca Cano Palacio; y, Mi cielo eres tú, por Jorge Luzuriaga.

Proal es su primer poemario (1965) con prólogo del ilustre escritor Pío Jaramillo Alvarado, quien ya vislumbra el gran poeta que llegaría a ser Palacios Riofrío cuando expresa: “en Proal hay poesía, auténtica poesía, se revela el poeta con la fluidez de quien vive su propia sensibilidad, sin artificio métrico”.

“Yo no conocí a mi madre sino por fotografía, pero dicen los que saben que era una mujer muy linda. Yo no gocé del rocío tan bello de sus miradas; por eso siento un vacío aquí en la mitad del alma”, dice el poeta con sus versos que nos cuentan de su temprana orfandad maternal.

“Qué grata es la vida que sabe a semillas. Qué suaves las brisas que saben a trigo y traen el secreto de rubias gavillas, haciendo partícipe al rey y al mendigo”, nos dice en este verso de singular belleza.

En El libro de los elogios (2011) Jaime Celi Correa sostiene que “la expresión poética de Carlos Alberto Palacios evidencia un peculiar ritmo existencial, el mismo que se expresa en un lenguaje formal y culto de raigambre y acento clásicos, a la vez que modernista”. Según Celi, Palacios Riofrío utiliza el ropaje del soneto clásico, pero traspasa el umbral del poeta de oficio para constituirse en la palabra del hombre de pensamiento claro y conciencia humanista y así loar y alabar la belleza de la mujer lojana; como en verdad lo hace con este poema en el que da vuelo a su estro poético:

“Con inefable gracia y con salero, inundas de emoción todas las cosas; a tu paso se abrirán las rosas para alfombrar de flores tu sendero.
Eres donaire en femenina gracia, cimbreante, tropical, como la palma, y por tus ojos, ventanal del alma, fulge la luz que al pensamiento sacia.”

Es preciso mencionar que el poeta tuvo su fuente de inspiración permanente en María Antonia, su esposa y compañera de vida con quien formó una hermosa familia.
En la nota introductoria de Oda a la mujer el escritor Rubén Ortega Jaramillo dice: “Carlos Alberto es un poeta deslumbrante de su generación (Alfredo Jaramillo, Marcelo Reyes, Armando Costa). Con una aptitud única para el susurro sentimental, tal como el arroyo. No son versos salidos al azar, ni al acaso, cada frase primero sentida, lógicamente ordenada y bellamente expresada”.

Y en efecto el poeta nos deslumbra con estos versos de contenido y forma excepcionales:
“En la mujer no hay raza ni frontera, ella es la belleza permanente; su corazón es una llama ardiente, su juventud, eterna primavera.

La mujer es total, en ella impera un deseo sublime e impaciente, donde se funde el alma con la mente. Ella es amor, es llama, ella es hoguera.”

Alfredo Jaramillo Andrade en el prólogo a Las estaciones del Amor, al referirse a Palacios Riofrío expresa: “Carlos Alberto sigue siendo total, como lo conocimos en la juventud: Un hombre de palabra serena y sencilla, pero elegante; ecuánime, capaz de mirar de frente y de expresarse sin tapujos, a fin de desvelar imágenes, colores y circunstancias que tiene la vida.”

Es así que el poeta describe sus estaciones del amor con estas palabras:
“Amor, brazo de mar, río crecido que arrasa todo obstáculo a su paso; amor que permanece hasta el ocaso de la vida del hombre y su destino.”
“Yo creo en la excelsitud de la palabra, vertida diáfana y pura; en la expresión robusta, que llega al corazón, grandilocuente; en la palabra augusta que hace inclinar cervices muy altivas, soberbias como aquellas que han llegado a la gloria; y creo también en las palabras vivas, que han cambiado hasta el curso de la historia.”

Carlos Alberto es un poeta de sensibilidad extraordinaria que se conmueve ante el paisaje, ante el vuelo de un pájaro, ante el susurro del viento, ante el rumor de las aguas y sobre todo lo estremece el amor de una madre, la belleza de la mujer, la candidez de un niño. Es un filósofo de la poesía: habla del valor de la amistad, de los principios de honestidad y libertad, de la vida y de la muerte; y cultiva este género literario con excelencia, haciendo honor a su ancestro poético, pues su padre Carlos Alberto Palacios Alvear, también fue poeta.

Al hacer este somero recorrido por su obra literaria se pretende reconocer la valía de un poeta lojano de elevada sensibilidad y de alto vuelo, así como sus condiciones de ciudadano íntegro, de inquebrantables valores morales y éticos, hombre de familia con clara conciencia social y una fe profunda en el destino del hombre, quien sirvió a Loja y su provincia desde importantes dignidades y representaciones tanto en el sector privado como en el sector público, ejercidas siempre con absoluta probidad y sentido cívico invariables.