La farsa de las elecciones primarias

César Correa

En 1988 dos personajes se disputaron la candidatura a la Presidencia por la Izquierda Democrática, que era la favorita para obtener el triunfo. Fueron Rodrigo Borja Cevallos, que ya había sido candidato en 1979 y 1984; el otro, Raúl Baca Carbo.

No se discutía la idoneidad de Borja para ejercer la Presidencia, sino su carisma. Se argumentaba que no ganaría, que ya había perdido 2 veces y era conveniente presentarse con un militante más simpático para los electores. Se acordó someter el caso a decisión de los afiliados de Pichincha, Guayas y Azuay. Por primera vez en la historia del Ecuador, sin que fuera obligatorio hacerlas, se efectuaron elecciones primarias, que fueron ganadas por Rodrigo Borja, que luego ganó la Presidencia. Muchos partidarios del Ing. Raúl Baca se resintieron tanto que procedieron a desafiliarse. En Loja se salió un grupo de unos 10 comandados por Juan Méndez, que fueron a parar en el PRE, evidenciando su debilidad ideológica. Hasta ahora es un hecho político excepcional, pues nunca más las bases han sido las que han escogido al candidato presidencial de algún partido.

Posteriormente se reformó la ley y se estableció la obligación de efectuar primarias para escoger los candidatos a cargos de elección popular, lo que es arma de doble filo. Se apela al espíritu democrático, para que no sean las cúpulas las que impongan las candidaturas, sino las bases partidarias las que decidan a quienes postular. Presentada así la reforma legal se justificaba, porque iba a acelerar el proceso de democratización del país. Pero la adecuada realización de primarias a nivel nacional tiene un costo de varios millones de dólares, que solamente los banqueros podrían financiar.

En 2014, Alianza PAIS se dio el lujo de efectuar elecciones primarias para escoger candidatos para los gobiernos seccionales, con la participación de miles de personas en cada provincia. Algunas otras organizaciones también lo hicieron, de la manera más discreta, para que no trascendiera la escasa asistencia al evento. Con algo malo adicional: no se respetaron los resultados en todos los casos, frustrando a los electores. Como se ve, está resultando complicada la aplicación de la reforma legal democratizadora.

En 2020 los costos de las primarias, la desorganización de los partidos, la pandemia y la dictadura que ha destruido la seguridad jurídica pesaron demasiado en contra de la democratización, el proceso que acabó ayer careció por completo de fervor cívico, no fue más que un acto burocrático para guardar las apariencias, en el que las cúpulas decidieron todo; en el que se sospecha que la Embajada presionó para que Alvarito, Fotto, Balda, Nebot se abstuvieran de postularse; y, en el que el correísmo tuvo que esperar el último día para sacar a la luz su táctica, a fin de evitar otro atropello a los derechos políticos de los ecuatorianos. (O)