La esperanza de vida en el siglo XXI

Santiago Armijos Valdivieso

Hay libros que enseñan, otros que brindan placer, otros que inflan el espíritu y enamoran; y otros que rompen convicciones y alteran lo que entendemos por realidad en nuestra breve existencia. En la clasificación de los terceros se ubica un interesantísimo ensayo titulado: Homo Deus: Breve historia del mañana, escrito por el israelita Yuval Noah Harari (Doctor por la Universidad de Harvard y Profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén), quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la historia del mundo y de los procesos macro históricos. Esta obra, que ha concitado enorme interés en millones de lectores en todo el mundo, plantea una serie de hipótesis, rigurosamente fundamentadas, en torno a los retos de mayor calibre para la especie humana en el presente siglo: lucha contra la muerte, la inteligencia artificial, la creciente dependencia humana a las máquinas, los viajes interplanetarios, la nanotecnología, las reparaciones cerebrales, el imperio de los datos, las nuevas formas de organización social, la evolución de las religiones, etc.

Por motivos de espacio me referiré en este artículo a uno de los temas más inquietantes que aborda la obra: el objetivo de la ciencia y la tecnología de prolongar el tiempo de vida del ser humano.
Al respecto, Harari afirma que, así como el ser humano duplicó su esperanza de vida en el siglo XX (de cuarenta a setenta años) lo volverá a hacer en el siglo XXI, gracias al vertiginoso desarrollo de la ingeniería genética, la medicina regenerativa y la nanotecnología -tecnología que se dedica al diseño y manipulación de la materia a nivel de átomos o moléculas-. Para respaldar su atrevida afirmación, el ensayista proporciona datos asombrosos y concretos. El más sorprendente revela que en 2012, el erudito e inventor Ray Kurzweil, -ganador de la Medalla Nacional de la Tecnología y la Innovación de EE. UU.-, al ser nombrado director de ingeniería de la empresa Google (una de las más importantes y poderosas del planeta) puso en marcha una subcompañía llamada “CALICO” cuya misión es enfrentar la vejez y prolongar la vida. Adicionalmente, según Harari: “Google constituyó un fondo de inversiones denominado Google Ventures, el mismo que invierte el 36% de los 2.000 millones de su cartera de valores en nuevas empresas biotecnológicas, entre las que se cuentan varios ambiciosos proyectos para prolongar la vida”.

Basado en ello, y en abundantes investigaciones, el autor se lanza a especular que hasta el año 2050, la expectativa de vida del ser humano podría bordear los ciento cincuenta años. Aunque esto podría sonar a ciencia ficción, esto se transforma en una posibilidad cierta, si lo vemos desde la óptica de los extraordinarios logros alcanzados por la ciencia y la tecnología en los últimos tiempos. Para entenderlo mejor, revisemos lo que textualmente dice Harari en su ensayo: << (…) quienquiera que en 2050 posea un cuerpo sano (y cuente con los recursos) tendrá una elevada probabilidad de engañar a la muerte una década tras otra. Según Kurzweil y De Grey, cada diez años, aproximadamente, entraremos en la clínica y recibiremos un tratamiento de renovación que no solo curará enfermedades, sino que también regenerará manos, ojos y cerebro. Antes de que toque realizar el siguiente tratamiento, los médicos habrán inventado una plétora de nuevos medicamentos, mejoras y artilugios>>.

¿Será esto posible?, ¿Llegará la ciencia y la tecnología a tanto? y, ¿Lo lograremos en este siglo? Muy difícil saberlo, pero lo cierto es que, para alcanzarlo, muchos científicos están trabajando y experimentando incansablemente. Si esta “locura” llegare a ocurrir, y las personas (algún día) pudiesen vivir 150 años, todo se trastocaría para bien o para mal de la humanidad; empezando por el problema de la sobrepoblación, pasando por la reconfiguración de las familias que se expandirían hasta tatarabuelos y tataranietos, descalibrando el concepto de relevo generacional y desafiando a matrimonios de ciento veinte años. En definitiva, el tema se presenta con un anverso asombroso y un reverso perturbador, difícil de comprenderlo a cabalidad en nuestros días, pero que sigue y seguirá latiendo, cada vez con mayor fuerza, gracias al incansable y veloz avance de la tecnología.

Aunque por el momento la humanidad debe concentrarse en resolver muchos problemas inmediatos, y entre estos, el de la pandemia del Covid-19, debemos tener siempre presente que, en el insondable devenir del universo, la genialidad humana es ilimitada, gigantesca e increíble, tanto como la maldad y la autodestrucción. En esa perspectiva, el libro Homo Deus: Breve historia del mañana ayuda a expandir nuestros horizontes e intenta hacernos conscientes de una órbita de opciones mucho más amplia. A fin de cuentas: “La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”. (José Ortega y Gasset)