La ideología

Augusto Costa Zabaleta

En el compendio universal, existen definiciones de diversos pensadores de todas las tendencias, en la cronología de los tiempos y las corrientes referentes a la ideología, que el Diccionario de la Real Academia Española la define conceptualmente: La ideología es la rama de las ciencias filosóficas, que trata del origen y clasificación de las ideas; es el idealismo, condición de los sistemas filosóficos que considera la idea como principio del ser y del conocer; comprende esta denominación, como tipos generales, el idealismo de Platón, el subjetivo de Kant y el absoluto de Hégel; objetivamente es una aptitud para elevar sobre la realidad sensible las cosas que se describen o se presentan, es la aptitud de la inteligencia para idealizar.

Es la ideología el ingrediente sustancial de la política, que origina los ideales, conceptos, ámbitos y orientación de un partido político, reflejado en sus estatutos, idearios y principios filosóficos, que orientan su existencia y ruta ejecutoria de actitudes y el auténtico comportamiento ante la realidad social, política y económica, ante la vigencia democrática de un conglomerado ciudadano y la irrestricta práctica de leyes, libertades y derechos que lo rigen.

El principio ideológico es básico y fundamental, porque entrañan lo espiritual, lo moral, es un compendio de valores humanos, que proyectan un presente y futuro de realidades a practicarse en auténtico beneficio de los gobernados, de sus aspiraciones espirituales y oportunidades que garantizan una subsistencia de dignidad y seguridad en los diferentes ámbitos.

Cuando estamos inmersos en una nueva etapa, en un nuevo proyecto, en un nuevo proceso político, por cierto plasmado de grandes perspectivas, de difíciles pronósticos y contiendas abrumadas de actos realizados durante largos años de desgobierno, de actos insólitos de corrupción, de politiquería mentirosa, de proyecciones insatisfechas y ambiciones desmedidas, que manipuladas a espaldas del pueblo y la democracia, han sumido al ciudadano a la más paupérrima condición humana de la subsistencia, de trabajo, de inseguridad y a una flagrante descomposición social, ahondando la brecha de clases sociales, y lo que es desconcertante, produciendo una recesión de la economía nacional, de una soberanía entregada a los grandes consorcios internacionales, con la extracción brutal de nuestros recursos naturales que violando nuestro patrimonio ancestral, festinan subsionando las entrañas de nuestro suelo patrio, para apoderarse de ingentes cantidades de minerales valiosos.

Ante esta cruda y lacerante realidad, con el agravante de actuales realidades políticas como: los partidos políticos y sus candidatos se han proliferado, pero no se han renovado; no se han adoptado nuevas propuestas, nuevas proyecciones y nuevos mecanismos verdaderos de solución, en una realidad en la que el elector es huérfano de representaciones, y en la que el ánimo del ciudadano para votar depende de las dos pandemias: el coronavirus y la solución económica, que obligan a sufragar más con el estómago que con el cerebro, asediado, por la enfermedad, el hambre, el desempleo, la corrupción, en un panorama de desesperación.

En un mareo dantesco, en el que el 80 por ciento no creen en la veracidad de los políticos; en el que solo el 11 por ciento confían en el Consejo Nacional Electoral; el 3% cree en la Asamblea Nacional, e iguales condiciones en el Gobierno Nacional.