Víctor Jara y su testimonio musical de solidaridad entre los seres humanos

Campos Ortega Romero

El 11 de septiembre de 1973 en Chile se realiza el golpe de Estado del general Augusto Pinochet contra el Gobierno legítimo de Salvador Allende. El 12 de septiembre por la mañana, Víctor Jara, se encontraban en la Universidad Técnica del Estado cuando fue detenido junto a profesores y estudiantes, para trasladarlos al Estadio Nacional de Chile, hoy rebautizado como estadio Víctor Lidio Jara Martínez, para ser torturado y asesinado por la dictadura militar, lo primero que atacaron fueron sus manos y sus dedos que aparecían destrozados.

Los militares que lo torturaron –con saña le decía a la cara mientras lo golpeaban para que no volviera jamás a tocar su guitarra, fue asesinado de manera brutal y su cuerpo sometido a nada menos que 44 balazos, el 16 de septiembre el cadáver de Víctor Jara fue lanzado a la calle, quienes lo encontraron lo conocían y pudieron identificarlo.

El odio y bronca de los militares a Víctor Jara, fue que a través del canto se había convertido en un símbolo dentro y fuera de Chile, era el compositor del bajo pueblo, el que le canta al viento de Miguel Hernández, a la lucha de la clase obrera, a las mujeres y hombres sin voz y sin rostro de su país, América y el mundo, con su canción El Derecho de Vivir en Paz, les escribió a los campesinos a los que el sol la piel pone negra, a los que el sudor hace surcos, a sus padres. a los explotados que pierden la vida, a los que “toito se lo han quitao”. Lo cierto es que Víctor Jara escribió y cantó a quienes nunca nadie escribe y canta, a quienes no lucen una canción, por ello testimonio musical de solidaridad entre los seres humanos, y por eso mismo era peligroso para Pinochet y sus militares.

Víctor Jara llegó a ser nombrado embajador cultural cuando Allende alcanzó el poder en 1970. Fue el protagonista de un esplendor cultural sin precedentes en la historia de Chile. Y a pesar de erigirse como un mito, Jara jamás rompió con sus raíces, sino que decidió envolverse en ellas, en sus miserias, en su belleza. Quería la revolución como también la querían el joven secundario, el universitario y el proletario. Y para ello siempre pensó que la educación sería la vía para conseguirla, por ello su canto su fe en el mañana: En la Universidad/se lucha por la reforma/para poner en la horma/al beato y al nacional. Somos los reformistas,/los revolucionarios,/los antiimperialistas,/de la Universidad.[Móvil” Oil especial]
Los soldados vuelven a torturar al cantor a culatazos. “Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez sobre sus hermanos, su pueblo mancillado”, recordó Navia en el acto homenaje al cantautor en 2003. Era el momento de callar para siempre a Víctor Jara. Incluso de cortarle la lengua para que nunca más se escuchase a la voz del pueblo.

Para despecho de los dictadores y detractores de la música de Víctor Jara sus canciones constituyen un himno de amor y rebeldía al cantarle a las cosas simples de la vida, a la esperanza del mañana, a las mujeres y hombres los que buscamos un pedazo de sol bajo la lluvia. Te recuerdo Amanda, la canción más conocida del trovador dedicada a las precarias condiciones laborales en las fábricas. La lucha de clases en apenas dos minutos y medio, posteriormente convertido en un himno contra la dictadura de Pinochet. En la canción, Amanda visita a su querido Manuel, trabajador de una fábrica.

Día tras día, en sus cinco minutos de descanso. Esos cinco minutos donde la vida es eterna, donde la vida gris del proletario desaparece, donde solo importan Amanda y Manuel. Pero un día, Manuel falta a su cita con Amanda. Ha muerto. Los trabajadores siguen muriendo… y nosotros padeciendo. Así sea.