Francisco Febres Cordero, Pasiones de un hombre bueno.

María Antonieta Valdivieso C.

Francisco Febres Cordero, Quito 1950,   conocido por su seudónimo periodístico y literario como el Pájaro Febres Cordero, es un escritor que  mantiene su columna en diarios nacionales, y actualmente es director de la revista Mundo Diners.   Ha publicado,  entre otras obras: Alpiste para el recuerdo, Retratos con jalalengua, Los pecados solitarios y otros deslices, De Flores a flores y miel, Cosas de mayores, Soy el que pude, Pajarerías,  El sabio ignorado  y últimamente,  Pasiones de un hombre bueno.

Pasiones de un hombre bueno es una biografía de Benjamín Carrión (Loja 1897-1979)  narrada con el cariño entrañable del autor hacia el maestro, con quien   lo  unen  lazos de familia, pues es casado con su nieta Catalina Pallares Carrión. Nos cuenta aspectos cercanos e íntimos  de la vida familiar, describe la parte humana,  quizá desconocida de esa gran persona que fue Benjamín Carrión. Destaca la sencillez, lo informal y espontáneo de su personalidad.

Hace una travesía por la vida de Carrión.  Su  familia:   Manuel Carrión Riofrío, su padre,  poeta e internacionalista  a quien apenas conoció, porque murió cuando él tenía seis años. La madre, Filomena Mora Bermeo, tan importante en su vida, le enseñó a leer  y a amar la literatura  y la cultura francesa.

Sus dos hermanos mayores influyeron  en su vida, Héctor Manuel,  fue  el que puso a su alcance no solo la literatura, sino también el amor a la naturaleza y a las artes. Cultivó la novela, el ensayo y fue profesor del Bernardo Valdivieso.  Tímido e introvertido y,  un viaje malogrado a Europa  contribuyeron a que cometa un suicidio frustrado. Clodoveo, que sí viajó al viejo continente, fue un científico reconocido que  publicó sus investigaciones y hallazgos en revistas europeas.

La salida de Loja en 1916, sus primeros años en Quito, su matrimonio con  Águeda Eguiguren, su viaje a El Havre, en donde ejerce de cónsul por seis años. Mantiene una intensa actividad cultural, tratando que se conozca el nombre de nuestra Patria en el exterior. Traba amistad  y coinciden en París con los intelectuales más destacados de América y Europa: Gabriela Mistral, Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Miguel Ángel Asturias, Teresa de la Parra, Juan Rulfo. Jorge Carrera Andrade,   Gonzalo Zaldumbide.

Ya en Quito en 1928 publica su primer libro Los creadores de la nueva  América, con prólogo de Gabriela Mistral en donde estudia a cuatro escritores de nacionalidades y estilos diferentes. En 1929 aparece El desencanto de Miguel García, que no recibió críticas  favorables. En 1930 regresa con Mapa de América, con un estudio introductorio de Ramón Gómez de la Serna. Contiene  algunos ensayos, entre ellos sobre  Pablo Palacio.

Febres Cordero resalta que con el ensayo sobre Palacio,  el doctor Carrión comienza a dar rienda suelta a la pasión que tuvo toda su vida: el orgullo  por lo nuestro: “mostrar al mundo lo que tenemos, lo que producimos, lo que escribimos, lo que somos”. Describe a un Palacio irreverente, sarcástico, que se mofa de sí mismo.  Cuando le pide un retrato para ilustrar el texto que planea publicar,   le responde en carta: “¿Le parece a usted insalvable la cuestión del dibujo? Diga usted cualquier cosa: que no tengo cara, que se me ha caído de vergüenza, por ejemplo”. Admira sobremanera  a ese escritor innovador, desenfadado de Un hombre muerto a puntapiés, Débora,  Vida del ahorcado.

Socialista y su secretario general en 1932, pero con  un socialismo de amplia tendencia ideológica y basada en tres ideas fundamentales: la nación ecuatoriana, la democracia  y la justicia social.  Sostenía  que el trabajo cultural era un instrumento para construir la nación,  la justicia y la democracia. La  cultura no es una función del Estado y no puede ser controlada por sus autoridades, sino que debe ser autónoma. Con esta finalidad creó  el 9 de agosto de 1944,  en el gobierno de Velasco Ibarra, la Casa de la Cultura Ecuatoriana, a donde llevó a colaborar a intelectuales  tanto de izquierda como   conservadores.

Enrique Ayala Mora en conversación con Febres Cordero destaca la obra de  Carrión como ensayista, pero critica su  faceta como historiador. Su obra  “El cuento de la  Patria sigue un esquema arcaico de historia nacional: una historia de individuos, no de actores colectivos, de la sociedad. Pero su obra intelectual, como también su obra material fueron ejes fundamentales  que un socialista, un demócrata aportó para la vida del Ecuador”.

Pero la obra principal de Carrión, son sus   Cartas al Ecuador,  escritas a partir de  1941, año nefasto en que el Ecuador fue víctima de la voracidad de los vecinos del sur. Fueron diecisiete cartas publicadas en el diario El Día, destinatario el país y remitente Benjamín Carrión. “Están escritas con pluma segura, conducida por una furia furiosa, pero también se desliza suavemente con amoroso amor a la Patria, a sus olores, a sus sabores”  Es aquí cuando Carrión cree que es hora de tener Patria, su gran llamado es ese, construir una  “pequeña gran patria, con el material humano que tenemos. Hagámosla”

Narra anécdotas desconocidas del escritor, desencuentros con intelectuales contemporáneos, resalta su pasión por los viajes, el cariño infinito a su familia, el gran amor de patria y sobre todo la presencia siempre viva d su Loja natal.

Termina la biografía con una fuerte crítica a la creación del Ministerio de Cultura, entidad con los mismos objetivos y funciones de  la Casa de la Cultura Ecuatoriana, considera que se  la ha debilitado y quitado prestancia y  autonomía. Cree que ya no es la Casa con la soñó Carrión, aquella  por  la cual volveríamos a tener una patria  grande en su “cultura y libertad”.