¡Empresas electoreras!

César Eduardo Briceño Toledo

Ad portas de los próximos comicios, el país es escenario de la parafernalia de las encuestadoras que obviamente responden a los intereses de los diversos candidatos presidenciables o asambleístas. En algunas contiendas electorales han acertado y en otras no.

Las encuestas publicadas pueden ser un arma propagandística, que ciertos partidos y algunos periodistas han utilizado para favorecer a un candidato. A veces un sondeo predice el triunfo de una opción al que muchos indecisos se suman al supuesto ganador.

Esa presunción ha fallado muchas veces, y el llamado “voto útil”, “voto vergonzante” o voto “inteligente” puede desquiciar una predicción incluso a boca de urna. Más allá de las estadísticas electorales está la complejidad emocional humana. Por ejemplo:

En el año 1996, dieron como triunfador por menos de un punto a Jaime Nebot, sobre Abdalá Bucaram, quien en la práctica ganó con más de nueve puntos de diferencia. En 1997 dijeron que Pachakutik lograba 2 asambleístas. En realidad, esta agrupación obtuvo 7 asambleístas. En 1998, daban como ganador a Jamil Mahuad con 20 puntos de ventaja sobre Álvaro Noboa. La distancia fue tan corta, que incluso se habló de fraude.

En el 2002, Las tres encuestadoras de mayor reputación, daban a Álvaro Noboa como ganador. Todas se equivocaron, pues fue el Coronel Lucio Gutiérrez quien se alzó con la victoria, aunque en los sondeos nunca estuvo en un segundo lugar. En el año 2006, inicio de la “década ganada”, señalaron que Rafael Correa casi podía ganar en la primera vuelta. Su rival era el inefable Álvaro Noboa, quien ganó en la primera vuelta, pero perdió en el balotaje. En la consulta del 2011 el Sí triunfó a duras penas a nivel nacional y perdió en varias provincias de la Sierra y la Amazonía. El 23 de febrero de 2014 fue fecha aciaga para Alianza PAIS, por la pérdida de sus bastiones electorales. En el 2017, los sondeos mostraron que las mayores opciones electorales eran para los binomios Moreno-Glas y Lasso-Páez. Fue calificado de fraude electoral al favorecer al actual mandatario.

En definitiva, las elecciones se ganan en el campo, no en las encuestas; pero ciertamente las encuestas ayudan a inclinar la balanza en poblaciones electorales mal informadas o predispuestas al engaño reiterado.