Poderoso caballero es “Don Dinero”

Campos Ortega Romero

Pareciese que la indiferencia es lo que prevalece en la gente de nuestro pueblo, ante la lid electoral que se avecina, como siempre los candidatos ofrecen de todo y para todos en una feria libre de esperanzas muertas, que da risa, penas y lo más duro, frustraciones que de la ilusión pasa al desencanto. Es tal la falta de liderazgo de los aspirantes a la Presidencia y Asamblea, de los bandos de la partidocracia que no les queda otra alternativa que sacar a los mismos candidatos de siempre para que vuelvan al ruedo, como siempre con el baratillo de las ofertas que constituyen otra tomadura del pelo una y mil veces al pueblo, teniendo como carta de presentación mucho dinero en paraísos fiscales.

La frase acuñada por Francisco de Quevedo hace más de cuatro siglos: “Poderoso caballero es Don Dinero” no sólo ha resistido el paso del tiempo, sino que, al correr de los años y sobre todo en nuestro País ha ratificado y aumentado su validez, como una clara muestra de corrupción, nepotismo, chantajes, compadrazgos, engaños y farsa, acciones que nos conducen a una crisis económica. La crisis económica arranca, en el plano internacional, de los manejos especulativos del capital monopólico financiero, es decir, de los más connotados y modernos exponentes actuales de “Don Dinero” el FMI, que distribuyen sus apéndices por todo el mundo involucrando, en el caso de los países subdesarrollados, no solo al capital bancario, sino al conjunto de actividades empresariales que incursionan en el endeudamiento agresivo atraídos por la ganancia fácil.

En nuestro país, este fenómeno se traduce actualmente como una manifestación más publicitada y preocupante una suerte de enfrentamiento de Congreso y Gobierno Nacional, situación que nos conduce a plantearnos y dimensionar la interrogante del primer cuerpo colegiado, en torno a su representatividad formal y real, entendiendo que en la formalidad la Asamblea aparece aglutinando a varios sectores políticos, como exige la democracia representativa, pero en la realidad traducen intereses económicos de los minoritarios grupos de presión, como el sector bancario del Ecuador.

Así lo demuestra claramente la Asamblea Nacional, integrado por la partidocracia tradicional, al aprobar, la Ley “reivindicatoria” que influye en el manejo de la política crediticia, que señala altos intereses a los préstamos concedidos por los bancos particulares de nuestro país, a las personas pobres que acuden a la banca. Entonces es de entender que la Ley aprobada, por los padres de la patria no lo hacen pensando en beneficio del pueblo y sus intereses, obligación nuestra, entiendo, de todos los ecuatorianos explotados y dolidos, deberíamos decir en nombre de la santa Democracia, gracias señores Asambleístas y banqueros del país.

No obstante de ello, pensamos que la actual Asamblea se abstuviese de emprender en reformas constitucionales o de leyes que se relacionan con instituciones u organismos que son inherentes a la marcha del Estado. Y no precisamente porque la Constitución y leyes en el Ecuador sean perfectas, sino por el temor, fundada en esta amarga experiencia, de que cualquier intento reformador no sirva para otra cosa que para encubrir pequeños intereses de círculos estrechos. Para decirlo con total franqueza, no es esta una Asamblea que pueda inspirar confianza alguna como para alentar la reforma jurídica que el Ecuador necesita. No son los actuales Asambleístas, en verdad, los legisladores en quienes puede confiar el pueblo la reforma legal de sus instituciones.

Pero ¿quiénes son los culpables para que lo señalado suceda siempre? Por aquello que la memoria es frágil, déjennos recordarles estimados lectores, que los culpables somos todos que libres y espontáneamente depositamos en las urnas el voto en elecciones populares de los Asambleístas, que en sus discursos de campaña ofrecieron trabajar y sacrificarse por el bienestar de la patria y todos sus hijos. Se hace necesario recordar: “¡Por sus frutos los reconoceréis” Nunca como ahora fue más exacto el sabio apotegma. Por ello piense y piense bien al depositar su voto en la próxima lid electoral para elegir al Presidente y Asambleístas, encargados de llevar adelante por el camino del bienestar social que tanto necesita nuestro país. Así sea.