Las nuevas venas abiertas de América Latina II parte

Augusto Costa Zabaleta

El saqueo de América Latina no solo ha ocurrido en el ámbito económico de la extracción de materias primas, sino también en la extracción del alma de los pueblos, cuya cultura, esa filosofía quechua del Sumak Kawsay o el buen vivir es aniquilada en un proceso imparable de mercantilización de sus vidas y las nuestras; la utilización de las materias primas en un mundo de consumo ostentoso, desigualdad y recursos menguantes constituye el camino más corto al fracaso final.

Un nuevo modelo de desarrollo requerirá un cambio radical de filosofía, más allá de la explotación de materias primas y de la vieja fórmula que se oxida de industrialización, sistemas de producción, un consumo menos destructivo y una redistribución más radical de la renta.

El oro metalizó los cerebros y fundió el alma.

El Dorado siempre fue una empresa de avaricia, delirio y destrucción (explotación del oro); en los años de crisis el oro fue un refugio de miedo y caos; el oro se perseguía en una búsqueda meteórica de seguridad financiera y psicología; el oro siempre ha justificado los actos más atroces y la resistencia humana más extraordinaria porque aniquila la incertidumbre (la trinchera dorada); el metal más preciado era la vía directa al status deseado y un valor seguro.

El oro un activo financiero fiable y cada vez más líquido, idóneo para bloquear los ingresos ilícitos de las mafias, en cada eslabón de la cadena del metal más brillante, se lavan miles de millones de dólares de dinero sucio.

Si el terror financiero y el consumo ostentoso de las nuevas élites, valorizaban el oro, el auge de las nuevas ideologías apocalípticas lo convertían en culto; el patrón oro un delirio de los excéntricos (bichos dorados), y la inflación de estos fetichistas de los metales dorados vaticinaban, como predicadores ante el día del juicio final que jamás llegaría; Silicon Valley Peter Thiel dice: (El oro conectaría al mundo virtual con el mundo real), y DylanGrice dice: “El oro puede ser un trozo de metal inútil y brillante, pero al menos los bancos centrales no pueden imprimirlo”; GillanTett, achacaba al atractivo metal a “un eco de la llamada carga de culto, que los antropólogos estudian en las islas del pacifico; algo que proporciona orden y significado en tiempos de caos y miedo”.

Eran tiempos de delirio y el oro fue un bálsamo, por supuestos, la neurosis se traducía en fantásticos beneficios para las grandes multinacionales mineras y sus consejeros, eran el nuevo saqueo de América Latina, de su venas más abiertas, como jugadores de casino reivindicaban la libertad del azar frente a la monotonía del trabajo del esclavo asalariado en las grandes minas de las multinacionales.