Comprometido con la vida

P. Milko René Torres Ordóñez

Yo estoy comprometido hasta el final de mis días con la vida y me esfuerzo por transformar las cosas, y para ello no tengo más remedio que hacer lo que hago y decir lo que soy. (J. Saramago, 1994). El pensamiento de este Premio Nobel de Literatura resalta la inmanencia de la identidad inédita de una persona que ha sembrado mucha vida en el desierto.  

El compromiso con la vida, más allá de ser importante, resulta trascendente. El hombre, en su ser profundo, brilla con luz propia, si ama su razón de existir. La vida, no es la suma de minutos, es producto de los actos, de la insaciable capacidad de tolar terrenos escabrozos. De transformar el mundo, con la acción y la palabra. Es el fin del hombre, creado para amar y servir. Me apoyo en la ética, ausente en la rutina de cada día, porque creo, con convicción, que sin ella, no avanzamos, no construimos. Continúa Saramago: En esta época de conmemoraciones, planteo que, cuando descubrimos al otro, en ese mismo instante nos descubrimos a nosotros mismos, unas veces en lo mejor y otras en lo peor, cuando intentamos dominarlo. Si llegamos a una relación con el otro en que la condición principal sea respetar sus diferencias y no tratar de aplastarlas para hacerlo como uno, entonces aparecerá en nosotros lo positivo. Todos tienen derecho a un lugar en la Tierra, no hay motivo para que yo, por el hecho de ser blanco, católico, rubio, indio, negro, amarillo, sea superior. No podemos darnos el lujo de ignorar que el respeto humano es la primera condición de “convivialidad” (junio 1994). Convivimos para recrear un mundo mejor. Para que el otro crezca, aporte e innove. En esta época de conmemoraciones, planteo que, cuando descubrimos al otro, en ese mismo instante nos descubrimos a nosotros, unas veces en lo mejor y otras en lo peor, cuando intentamos dominarlo. Si llegamos a una relación con el otro en que la condición principal sea respetar sus diferencias y no tratar de aplastarlas para hacerlo como uno, entonces aparecerá en nosotros lo positivo. Todos tienen derecho a un lugar en la Tierra, no hay motivo para que yo, por el hecho de ser blanco, católico, rubio, indio, negro, amarillo, sea superior. No podemos darnos el lujo de ignorar que el respeto humano es la primera condición que el hombre debe tener para educarse y formar a los demás. Ni el arte ni la literatura tienen que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos, y solo es posible con una postura ciudadana ética, aunque pueda sonar a antigua y anacrónica.  Lo maravilloso de la especie humana es que se ha hecho a sí misma, lo ha inventado todo, o, al menos, se auto edifica.  Ni las derrotas ni las victorias son definitivas. Eso da una esperanza a los derrotados, y debería darles una lección de humildad a los victoriosos. El arte de escribir es muy necesario en las actuales circunstancias. La palabra escrita nos hace pensar.