La Cuestión Socrática en estos días

Fredy Paredes Cuenca

La condición humana hoy en día está siendo puesta a prueba por las difíciles circunstancias que estamos viviendo, cuando vemos logros alcanzados por la humanidad es grandioso ver la dedicación de muchos individuos que en diferentes campos han hecho de sus vidas un testimonio de ayuda a personas que no conocen, ni conocerán nunca pero que sus acciones han dado un aporte importante en el desarrollo de mejores días para el género humano.

A pesar de conocer que durante su encarcelamiento Sócrates habría escrito sobre literatura, no se conoce publicaciones acerca de filosofía de su autoría, tal parece que Sócrates no pretendía llenar los recipientes sino enseñar cómo llenarlos, es decir, que se dedicó a hacer efectivo su metodología de enseñanza que consistía en iniciar con la ironía en la que se reconocía su propia ignorancia, para luego pasar al camino dialógico e identificar una definición universal necesaria para adquirir un conocimiento sólido, consensuado y contrastado. Toda contradicción identificada mediante el diálogo se transformaba de una mera convención en una verdad universal.

Se desconoce de forma fiable la vida y obra de Sócrates, lo que se conoce es gracias a sus pupilos que hacen alarde de las enseñanzas recibidas de lo cual se puede interpretar que este filósofo deseaba aportar, transmitir, esto nos lleva a Mateo que hace referencia sobre los productos que dejamos como aporte en beneficio colectivo, lo que da muestra de lo que cada individuo puede dar en forma positiva. Lo que se dice en Mateo es que por sus frutos podemos conocer a una persona.

Sócrates (469-399 a. C.) el filósofo reconocido por su frase “solo sé que nada sé”, nos muestra un camino dedicado a la enseñanza, a transmitir su método de pensamiento para diferenciar entre la verdad y la falsedad, además, hablaba del conocimiento del bien elemento fundamental para definir la forma de actuar, entonces la educación se convierte en un pilar, per se, para llegar a niveles superiores del saber y del actuar.

Todo esto nos hace pensar en este espacio de tiempo que puede ser de mucha utilidad para innumerables aportes positivos y cabe algunas preguntas que quiero extenderlas a ustedes queridos lectores: ¿Qué estamos haciendo con este tiempo de gracia? ¿Qué avances hemos hecho en nuestras vidas? ¿Qué contribuciones en beneficio del bien común hemos desarrollado? Estas preguntas son algunas de las interrogantes que deberían quedarnos resonando en lo profundo de nuestro YO interno.