¿Has visto a algún comunista entregar sus bienes a los pobres?

César Correa

Es imposible que un despreciable roñoso llegue a comprender lo que es la generosidad, la solidaridad, la nobleza de alma, el patriotismo. Es imposible que un abominable mezquino llegue a concebir que haya personas que puedan hacer grandes sacrificios para conseguir el bienestar de los demás. Es natural que un burgués exponga su ruindad y niegue grotescamente que haya militantes políticos que luchen con bienes y persona por la justicia social. Algunos de estos especímenes están preguntando en las redes sociales si hemos visto a un comunista compartir sus bienes con los necesitados.

Yo he visto mucho más que eso. He tenido la suerte de compartir experiencias con almas grandiosas, capaces de dar su vida en su afán de construir una sociedad diferente, sin explotadores ni explotados. Dar la vida, no solo en el sentido de morir asesinado por los capitalistas, sino de consagrar todos los días de su vida y sus recursos económicos para promover la organización popular y la concienciación de los trabajadores.

Por supuesto que no he encontrado a ningún millonario con el deseo y la voluntad de dar, aunque sea un pequeño aporte, para las causas populares.

Hace cerca de medio siglo compartí un seminario sobre pedagogía con un indígena de Cotopaxi, de unos 20 años de edad, que hablaba muy poco español. Había organizado y tenía en funcionamiento 20 centros de educación de adultos. “¿No te ha pasado nada?” le preguntamos. “No, nada… mi mujer me quiso botar… una vez me quisieron quemar… pero no me ha pasado nada” fue su respuesta, de este joven semi-analfabeto, que llegó motivado por su vivo interés de mejorar sus tareas alfabetizadoras. Había en él un consciente renunciamiento a sus intereses individuales.

Casos como los de ese anónimo héroe hay por miles. Hay también casos famosos, como el de Mons. Leonidas Proaño, Camilo Torres, el Che Guevara, Augusto César Sandino, Emiliano Zapata, Eugenio de Santa Cruz y Espejo, Matilde Hidalgo, Dolores Cacuango, Fernando Daquilema, Ernesto Cardenal, Francisco Cumbicus, etc., que lo han dado todo por construir un mundo de hermanos.

A los infames les contesto que sí, que he visto, no solo a uno, sino a miles de revolucionarios que con sus bienes y vidas han contribuido a transformar positivamente nuestra sociedad. Para ellos mi homenaje de admiración, para los auténticos dirigentes sindicales, para los que han batallado en las trincheras partidistas, tanto para los que ya han fallecido, como nuestro ejemplar compañero, ciudadano íntegro, Jorge Mijail Valarezo Loaiza, así como para los que están exponiendo su libertad y su integridad física para salvar al país de la catástrofe neoliberal impuesta por Lasso y sus adláteres.