EE. UU. y su elección presidencial 2020

Santiago Armijos Valdivieso

A pesar de los bemoles que afectan a la democracia estadounidense podemos identificarla como una de las más consolidadas del planeta o dicho de otro modo como una de las menos imperfectas. Nos guste o no, tengamos reproches o no respecto a lo dicho, sus elecciones presidenciales se han sucedido ininterrumpidamente desde el 30 de abril de 1789 en que George Washington se convirió en su primer Presidente; manteniendo con ello, un sólido y largo hilo democrático por 231 años. Cifra respetable y monumental por cualquiera de los cuatro puntos cardinales que se lo quiera ver o interpretar. A esto se suma positivamente una decisiva, y cada vez más creciente, participación política de latinos, afrodescendientes y asiáticos; quienes, junto a los blancos, forman el gran abanico multicolor que ilumina el rostro de la nación más poderosa del mundo en la que la migración, el encuentro de culturas y la mezcla racial seguirán marcando su destino y progreso por mucho tiempo. Sería de entender que estas realidades democráticas de presentación son aceptadas y entendidas por todos sus ciudadanos y principalmente por los líderes políticos de la enorme nación.

Lamentablemente en las cercanas elecciones parecería que no es así, dadas las estruendosas declaraciones del presidente Trump, quien, con su característico estruendo verbal hizo conocer en el primer debate presidencial su preocupación por eventuales fraudes que podrían darse en la jornada electoral del 3 de noviembre de 2020 por la contabilización de los sufragios vía correspondencia; aseverando adicionalmente su recelo de reconocer un eventual triunfo del adversario. Semejantes declaraciones, no solo manchan el prestigio y la solidez del sistema electoral norteamericano sino que abre la puerta para que muchos enemigos de los Estados Unidos -que no son pocos- aprovechen la oportunidad para lanzarle durísimos ataques y reproches.

Frente a ello y a otras temeridades del impredecible Trump como: minimizar los efectos de la pandemia del covid-19 y menospreciar al Dr. Anthony Fauci, Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas desde 1984; simpatizantes demócratas, republicanos e independientes han cerrado filas para rechazar este tipo de actitudes que atentan contra la democracia norteamericana y optar por las candidaturas de Joe Biden y Kamala Harris, lo cual se refleja claramente en los resultados de encuestas electorales realizadas a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales en las que Biden tendría el 52.1% de la preferencia electoral frente al 42.2% de Trump (según el diario: El País de España). Los datos se dan, a pesar de que algunos sectores ciudadanos encuentran que la administración de Trump ha logrado importantes cifras de recuperación del empleo y de la economía; lo que parecería ser suficiente para compensar las graves decisiones del incontrolable Donald. Entre otras: despreciar abiertamente los estudios científicos sobre el covid-19 y las recomendaciones de los expertos; dar la espalda al calentamiento global; tomar acciones excesivas contra los migrantes; desbaratar el “Obamacare”, valiosa iniciativa para que un mayor número de estadounidenses tengan acceso al ciudado de su salud; ser intolerante con posiciones contrarias; aupar la indignación racial de los afrodescendientes con desplantes e irreflexivos apoyos a grupos violentos de extremismo blanco; desestimar la labor de los latinos en el progreso de la nación y arremeter contra sus fieles aliados de la Unión Europea mediante actitudes hostiles en materia diplomática, comercial y turística.
Por todo ello y por la compleja situación actual de la gigante nación, todo apuntaría a que la reelección de Trump se esfuma. Su temperamento, sus exabruptos y su escaso nivel para manejar adecuda y prudentemente una mega nación, cuyo acontecer tienen influencia en los cinco continentes de la tierra, son sus principales enemigos para alcanzarla.

Definitivamente, al hacer las sumas y las restas, Joe Biden se presenta como una mejor opción para ocupar la silla presidencial del país norteño.