América Latina y la pandemia

Hasta hoy, nadie ha podido controlar el avance de la pandemia manifestada en dolor y muerte, como las consecuencias más visibles, por cuanto, ni las medidas tomadas por los gobernantes, ni la responsabilidad por el autocuidado con medidas de bioseguridad observado ha podido detener su avance. Cada día suman los contagiados y los muertos, mientras se aguarda la llegada de la vacuna, en la que está puesta la esperanza y confianza para poner fin a la masiva expansión del coronavirus.

Mientras se espera, los escenarios de la mortal pandemia han visibilizado un conjunto de vulnerabilidades en nuestra región y en nuestro país, los más afectados son los pobres y excluidos de la periferia que de primera mano sintieron los problemas socioeconómicos: injusticia, desigualdad social, brecha digital, corrupción en todos los estratos, destrucción ambiental, por los efectos de fenómenos naturales presentados en los últimos días en la región. Además, debemos considerar dificultades reales como las de no contar con medidas anti COVID-19: un techo seguro, una garantía de distanciamiento, productos para higienizarse, un trabajo seguro y digno para sobrevivir, destrucción del ecosistema, y falta de tierra para producir.

El dolor de la enfermedad y la muerte por la pandemia son el reflejo de una humanidad sufriente, vulnerable, distante e indiferente a las necesidades de los pobres pero que, al mismo tiempo, es una llamada a cuidar del otro, en el arte del encuentro, sea en la política, en la religión, en la cultura y generar acuerdos mínimos para una convivencia armónica como nos recuerda el Papa Francisco “todos estamos llamados, individual y colectivamente, a realizar nuestro trabajo o nuestra misión con responsabilidad, transparencia y honestidad”. Pues, una verdadera organización social se basa en aportar, compartir y distribuir, no en poseer, excluir y acumular”.

En los momentos de crisis y oscuridad es cuando las mejores luces aparecen y este momento crucial es la oportunidad para recuperar la conciencia: conciencia del vecindario, conciencia de la gente, conciencia de la región, conciencia del hogar común y desde nuestras limitaciones construir una mejor sociedad y aprendemos a ser mejores personas.

América Latina, desde hace muchos años, es el continente de la esperanza por la calidad humana y por sus recursos naturales que deben ser encaminados a salir de la pobreza y desterrar los extremismos que atentan a la integridad humana y a la naturaleza. Salir de la pobreza y administrar los recursos naturaleza es buscar el bien común y el buen vivir que nos hará copropietarios y corresponsables de lo que tenemos y hacemos.

La pandemia que ha visibilizado nuestra fragilidad humana y social es un llamado a repensarnos como sociedad y los líderes de todos los sectores abrir la mente y el corazón al establecimiento de una nueva normalidad real, como aquella que anunció el más grande líder espiritual, Jesús, el Reino de la paz y de la justicia.