Un 13 de enero murió el Robin Hood lojano

El 13 de enero de 1935, hace 86 años, Naún Briones fue emboscado y ejecutado, en las afueras de Sozoranga, ciudad en la que había pernoctado junto a su flamante esposa, con quien planeaba irse a Colombia. Naún Briones comenzó su vida de bandolero por 1929, cuando era presidente Isidro Ayora. Al corto tiempo fue detenido en el Perú, entregado a las autoridades ecuatorianas, juzgado, condenado y llevado al Panóptico “García Moreno”, de dónde escapó cuando aconteció la “Guerra de los 4 días”, en 1932. Volvió a Loja, organizó su nueva banda, de unos 20 hombres, sembró el terror entre los ricos por unos dos años, hasta que cayó abatido, a manos del Mayor Deiflio Morocho, que cumplía órdenes de Velasco Ibarra.

Según relata el Dr. José María Jaramillo Palacio, en su libro “Los Animados Muñecos de Barro” (Editorial Arboleda, Quito, 1991), en las páginas 12 a 16, Naún Briones se enamoró de Julia Jaramillo, una preciosa jovencita de Sozoranga, con quien contrajo matrimonio, civil y eclesiástico, en los últimos meses de 1934. Nunca permanecía más de un día en el mismo sitio y siempre contaba con un cerco de seguridad que le avisaba cuando se acercaban piquetes de la Policía, por lo que podía escapar a tiempo. Esta vez no ocurrió ni lo uno ni lo otro. El 11 de enero ya estuvo en Sozoranga, envió a uno de los suyos a Cariamanga, se presume que fue para que hiciera un cambio de moneda porque pensaba irse con su esposa a Colombia. Se quedó el 12 y durmió en casa de su esposa. Mientras tanto el enviado a Cariamanga, que se supone quiso quedarse con el dinero, lo delató ante el Mayor Morocho, que fue en su busca, al mismo tiempo que pidió que gendarmes de Macará se dirigieran a Sozoranga. En la madrugada del día 13, cuando Morocho estaba a puertas de la ciudad, el traidor que venía un poco atrás, hizo el disparo que alertaba a Briones, que salió corriendo hacia la quebrada Piedra Liza, donde conocía sitios para resistir exitosamente, pero ya estaba rodeado por muchos policías. La resistencia duró 3 horas al cabo de las cuales Naún se refugió en una cueva, a la que también llegó Morocho. Naún lanzó una dinamita y salió disparando, circunstancia en la cual le cayeron disparos desde todas las direcciones, matándolo en el instante, cuando frisaba los 34 años de edad.
El haberse escapado del Panóptico y haberse enamorado marcaron su destino, que lo convirtió en leyenda y le arrebató la vida a muy temprana edad.

La Loja de Briones era un conjunto de haciendas con relaciones de producción feudales, en la que los campesinos vivían en la miseria, sometidos al brutal yugo de los terratenientes, que los trataban peor que a los animales domésticos, sin ninguna posibilidad de conocer la libertad y de salir de su postración. Esa sociedad no ofrecía canales para por medio de una lucha honorable poder conseguir mejorar las condiciones de vida de los trabajadores rurales, quienes solo podían hacerse justicia por mano propia, ejerciendo venganzas personales cuando ya no podían soportar los hechos en su contra. Pero llegó el momento de cambiar, la lucha por la reforma agraria de los años 60 y 70 sirvió para erradicar el ignominioso sistema del arrimazgo, lucha que enseñó al pueblo que organizado puede eliminar injusticias, que era moralmente obligatorio luchar contra el feudalismo, así como ahora es moralmente obligatorio hacer todo lo necesario para acelerar la desaparición del capitalismo.

Naún Briones en la Literatura

La vida de Naún Briones invitaba a escribir un libro sobre la misma, una biografía que le daría fama a su autor. Varios lo intentaron sin conseguir su objetivo. El cañarejo Eliécer Cárdenas tuvo el acierto de registrarla en forma de novela, en la que incluiría tanto hechos reales como imaginarios, para poder hacer observaciones más profundas sobre el héroe popular, valiente, hábil con el revólver, que robaba a los ricos para dar a los pobres, tal como el personaje Robin Hood de la literatura inglesa. En 1978, Cárdenas publicó “Polvo y Ceniza”, la novela ecuatoriana más importante y prestigiosa de finales del siglo XX, que con maestría, un elegante y genial uso del idioma, nos permite penetrar en la psicología de los habitantes de la parte Sur Occidental de la provincia de Loja, la mayoría de los cuales vio a Briones casi como un redentor o, por lo menos, como un justiciero que mantuvo aterrorizados a los opresores. (O).