Tierra techo y trabajo

La “dignidad de la persona está muy unida a estas tres realidades: ‘Tierra Techo y Trabajo’, que expresan esta experiencia fundamental para el ser humano, la de sentirse arraigado en el mundo, en una familia, en la sociedad”, expresó el papa Francisco en la asamblea general del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE), en junio de 2017.

Tres pilares esenciales en el plano de una vida digna de las personas y de su ser de criaturas, creadas a imagen y semejanza de Dios. En su conjunto, permiten la realización humana y social, a los que se suman valores como la justicia y la solidaridad que proyectan una vida de armonía y felicidad.

Poseer un espacio de tierra es un derecho del ser humano que le garantiza estabilidad, seguridad y trabajo. Hoy, más que ayer, merece ser tratada y cuidada con respeto, precisamente, el 22 de abril, es una fecha establecida por las Naciones Unidas con el fin de consolidar una conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, los seres vivos y el medioambiente que los rodea. Estamos al borde de la degradación total y seremos resilientes con ella si emprendemos acciones colectivas en favor de su protección e interacción del ser humano con la biodiversidad para brindarle el máximo cuidado y respeto.

La experiencia dolorosa que vivimos por el COVID-19 ha evidenciado lo que ocurre cuando el mundo se pausa y se detiene para generar impacto positivo en la naturaleza y el cambio climático, y, sobre todo, nos muestra lo que todos debemos hacer por establecer un planeta justo, equitativo y ambientalmente seguro.

El trabajo dignifica la persona, reza la Doctrina Social de la Iglesia. Entonces, todos tenemos derecho al mismo, en igualdad de oportunidades y condiciones para procurar el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. El trabajo, igualmente, merece una remuneración básica digna que garanticen salud, alimentación, educación, vivienda y vestido, como necesidades de primer orden para una vida digna de la familia.

Celebramos el primero de mayo, día universal del trabajo, en el caso de nuestro país, con índices crecientes de desempleo y subempleo, producto de la crisis de salud y económica, pero, sobre todo, por un modelo de vida y de gobierno que no propicia el equilibrio económico, social y ambiental en propuestas sustentables de largo plazo para la vida de las personas y de la naturaleza. La inmediatez, la sociedad relativa y ligth no proyectan a largo plazo, a lo que se suman un conjunto de antivalores como el arribismo, facilismo y confort que desconocen al “otro” y corroen la dignidad humana y de un país.

El techo nos cobija y protege de la adversidad y estoy convencido que ningún ciudadano del mundo puede vivir sin ella. Garantizarles una vivienda digna, no suntuosa, es obligación del estado y producto del esfuerzo humano en su trabajo.
Tierra, Techo y Trabajo no es solo una consigna, sino una razón de vivir que conduce a actuar con valentía y coherencia, arraigados en el mundo, en una familia, en la sociedad.