Hablar de la madre es hablar del amor divino

En nuestro país, el segundo domingo de mayo esta signado para rendir homenaje al ser supremo de la humanidad la Madre, qué podemos decir, que no se haya dicho, de este ser invalorable en la vida del ser humano, que merece un recordatorio especial, cantamos con amor y agradecimiento a nuestras Madres lojanas, ecuatorianas, a todas las madres del mundo.

Nos enseñaron que el idioma universal es el amor, pero en el caso de la Madre, “Ángel del Alba”, frente a su familia, esta frase parece no necesitar demostración. Desde el momento de la concepción y durante toda la vida, la Madre está presente en su cátedra de vida, alegría, tristeza, justicia y libertad. Mujer, germinadora de la vida universal que tienes la capacidad del amor sin condiciones: el amor maternal. Su hijo puede contar siempre con ella, por más largos caminos que haya recorrido, por más vueltas que haya dado su destino.

La Madre, es la ternura de la vida que empieza, amor dulcificado hecho de leche, miel, calor y canto. Hormiguita incansable, por eso te conviertes en compañera inevitable de la vida, de la esperanza del mañana; y, del futuro. Por sobre una dulcedumbre de aurora, cuando los últimos tintes de la noche se diluyen amablemente, la Madre pasa encendiendo la mañanita con su antorcha clara, mientras una agonía de postreros luceros es como lluvia benéfica de rocío de luz, por aquello que es luz y amor… es foco irradiante de anhelos intuitivos y afirmaciones sentimentales por encima y a pesar de la razón que con harta frecuencia se aparta de la realidad, avizorada, en cambio con certeza por la emoción creadora femenina; y, el amor humanizado cual espectro de luz que se enriquece maravillosamente en ese ser supremo: la Madre.

Las cualidades por excelencia de la Madre son la imaginación y la esperanza; condiciones ambas de toda labor fecunda, no se distingue de la razón razonante; pero es casi infalible en la intuición, y ésta le lleva a aceptar el mal irreparable y a comprender que más hondo que el mal, está la raíz que penetra en lo íntimo de la naturaleza para producir, nueva esplendente floración. Sabe esperar y es más valiente que el hombre contra los golpes de la monotonía. Por eso debe ser que, cada vez que se hace el milagro de la vida en su vientre, la Madre, “Ángel del Alba”, asume con entereza, a veces junto al padre y otra sola, el compromiso de la formación del nuevo ser, de su supervivencia. Bendito tú fruto maternal.

Acciones como estas, nos recuerdan, sin duda alguna que la Madre se constituye en arquitecta de la sociedad, precisamente porque la creación de la sociedad empieza por la Mujer: la madre creadora, transmisora de vida, de valores y paradigma para sus hijas e hijos, ejemplo que reproducirán y nunca olvidarán, para bien de todos. Tanto hombres como mujeres, han sido educados por la madre, ya que el padre no siempre ha sido una presencia continua en el hogar. Ancestralmente, la madre ha sido responsable de cuidar el fuego del hogar y transmitir su sabiduría a la siguiente generación

La Madre, al prender la luz de la mañana, tiene una misión alta y noble: borrar de la mente humana los últimos légamos del sueño terrible, destruir la pesadilla espantosa, y ayudar a las avecillas a entonar la Sinfonía de la Luz, por eso debe ser que se constituye regalo de la naturaleza, para despertar el alma de los lirios y crear todo el cielo en cada gota de rocío, para que la vida sea más llevadera y dulce.

Madre es la canción que brota del alma, es el sentido poema, es el apacible riachuelo que deja la quietud de los arroyos y se convierte en caudaloso río para llegar al mar de la bonanza, es el tronar de los cañones que diligentes tratan de detener vanamente al invasor, el rayo, la luz, la lluvia bienhechora que hace producir los campos, los colores del arco iris son los destellos de su pecho; madre es el trinar de las avecillas muy de madrugada y el rocío y el agua que sacia la sed del caminante, es la sombra de frondoso árbol en el desierto agobiador. Es la vida, es el vivir. Bendita seas Madre hoy y siempre, por tu Amor y ternura que brindas a tus hijos. Así sea.