Matrimonios insólitos


Don Julio reveló en cierta ocasión que “su padre le contó que uno de sus abuelos había tenido dos hijas: una guapa y la otra poco agraciada. Un caballero cuarentón pidió la mano de la guapa, pero al momento del casamiento acudió la fea, por decisión de los propios padres. El matrimonio se celebró, pero no se consumó nunca, pues el marido después de pronunciar obedientemente el “Sí”, desapareció por siempre jamás cuando descubrió el rostro verdadero de la mujer con la que se había casado”.

Continúa leyendo “Matrimonios insólitos”

Conocimiento interno

En estos días he reflexionado mucho sobre el principio y fundamento de la vida espiritual que proviene del carisma de san Ignacio de Loyola: el conocimiento interno. Dice Ignacio que “el mucho saber no harta y satisface el alma, sino gustar internamente de las cosas de Dios”. ¿Para qué seguir a Jesús? Responde que es importante este tipo de conocimiento para amar, servir y dar gloria a Dios. En todo, amar y servir. Más allá de intentar comprender qué significa salvar nuestra alma, afirmo que es hacer las cosas con amor, como ha dicho el Papa Francisco, sacerdote formado en la Compañía de Jesús.

Continúa leyendo “Conocimiento interno”

Retos de la educación

El derecho a la educación y su universalización, ya no es solo una proclamación de la Carta de los Derechos Humanos, o de los Objetivos del Desarrollo del Milenio o un artículo de la constitución, hoy, y con mayor fuerza es una reto para la sociedad y los gobiernos a fin de alcanzar la calidad, calidez, eficacia y eficiencia del sistema educativo y que contribuyan a la construcción del futuro de la humanidad con igualdad de oportunidades, equidad social, económica y de género; democrática y participativa en todos los niveles educativos.

Continúa leyendo “Retos de la educación”

La luz de la luciérnaga

Una ingenua luciérnaga se paseaba por el pantano. Muy cerca de ella, un sapo pensó que ningún ser tenía derecho a lucir cualidades que él mismo no poseería jamás. En cuanto la tuvo a su alcance, saltó hacia ella y la cubrió con su vientre frío. Ya casi muerta de asfixia, la luciérnaga le preguntó: ¿Por qué me haces esto? ¿Qué te he hecho yo para que me trates así? Y el sapo solo repuso: ¿Por qué brillas?

Continúa leyendo “La luz de la luciérnaga”