Estado, gobernabilidad, democracia y sociedad

La Constitución de nuestro país define al Estado como: “Un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se organiza en forma de república y se gobierna de manera descentralizada. La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad, y se ejerce a través de los órganos del poder público y de las formas de participación directa previstas en la Constitución…” Por lo que un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se organiza en forma de república y se gobierna de manera descentralizada. Parece que hemos olvidado que el Estado constituye la sociedad organizada política y jurídicamente y que a la vez es la infraestructura vital de los pueblos; y que, por ende, nos pertenece a todos sin excepción. La Gobernabilidad implica el resultante formal del ejercicio del sufragio, que, en el caso nuestro, atenta la división de varios partidos políticos y múltiples movimientos que han fragmentado la cualificación del sufragio y más aún su cuantificación. Evidenciamos entonces el nacimiento y desarrollo de gobiernos desnutridos, débiles en su origen y famélicos. La gobernabilidad entonces no puede continuar de arriba hacia abajo, es importante si queremos mantener el Estado y el gobierno desde la óptica científica-política que se gobierne con verdaderos diálogos e interacciones permanentes desde abajo hacia arriba. La Democracia no puede seguir siendo sólo el ejercicio del sufragio, necesita un fluido sanguíneo de materia gris emergente de educación científica, técnica y política. Es hora entonces de que la democracia se nutra de educación, cultura y respeto partiendo desde la zona rural a las grandes ciudades y que se alterne la educación y la cultura de todos los centros formales desde la ciudad al campo y del campo a la ciudad, a efecto de que la teoría y la práctica vaya de la mano, robusteciendo la educación técnica, agrícola, artesanal, turística y naturalmente erudita. Pertenecer a una determinada Sociedad no es un tema constitucional de ser persona exclusivamente; ese vocablo implica el sentimiento cultural más amplio de reconocer al otro como a uno mismo;

y bajo ese contexto, no solo el límite de los derechos de propiedad intelectual, de propiedad privada, del manejo de horror social en una sociedad de consumo marca la necesidad de subsistencia. Nietzsche decía que: “la mejor ideología es la necesidad”; debemos rechazar el vandalismo, a lo público y a lo privado, venga de donde venga y decir con nitidez que la responsabilidad recae en todos los miembros de una determinada sociedad. Es hora entonces de despertar y combatir la sociedad del mercado por las verdaderas necesidades especialmente de educación, vivienda, medioambiente y salud; y dejar a un lado la vanidad del poder vertical, llevando los niveles de dirección y solución de los conflictos a las verdaderas capas desprotegidas como son la mayoría de ecuatorianos hoy desocupados y subempleados; pues, a todos los habitantes del país nos ha golpeado este problema y todos los habitantes del país a través de diferentes voces de representación debemos coadyuvar a efectos de solucionar dichos problema. Frente a esto, es hora de dar el primer paso que consiste en reconstruir una voz popular seria que implique confianza en los representantes del gobierno de turno y en los representantes legítimos del pueblo ya no en las calles sino ante los medios de comunicación sin censura, con libertad de palabra que lleve a la sociedad ecuatoriana a una libertad de acción inmediata con el respeto que todos sus habitantes se merecen. La gobernabilidad democrática en nuestro país debe ser reforzada, en el plano local, regional y nacional, con una integración renovada e inteligente, asentada en la cooperación y en una inserción estratégica común.